Tiene que devolver 320.589 euros de un décimo del Gordo, según la Audiencia

La lucense condenada, de 67 años, sostiene que compró el billete y que no lo encontró


lugo / la voz

«Yo lo compré y quiero que todo esto quede claro antes de morir». Lo dice la lucense Rosalía R. F., de 67 años, a la que la Audiencia Provincial desestimó el recurso que presentó contra la sentencia del juzgado de lo Penal número 2 de Lugo que la obliga a devolver los 320.580 euros de un décimo de la Lotería de Navidad del año 2014 premiado con el Gordo, que los jueces entienden que se encontró y cobró como si fuera suyo. Esta mujer, que dice sufrir una depresión, afirma también que ha tenido que cerrar el bar que regentaba porque no está en condiciones de atenderlo. Asegura que no tiene el dinero. La sentencia incluye el pago de una multa de 1.080 euros.

La resolución de la Audiencia Provincial desestima el recurso de apelación y confirma la condena por apropiación indebida. El décimo que dio pie a este largo conflicto judicial entre dos mujeres era del número 13476.

La sentencia del juzgado de lo Penal, ahora ratificada por la Audiencia, consideraba probado que la que cree dueña del billete premiado adquirió siete décimos de la Lotería de Navidad para el sorteo del 22 de diciembre de 2014, del número 13467, serie 1 y de las fracciones de la primera a la séptima, en la administración de loterías de la plaza de Santo Domingo de Lugo. En fecha sin determinar, pero entre los días 18 y 21 de diciembre, extravió el décimo de la fracción 7, al que había puesto por detrás, a lápiz, el nombre Inés. El décimo estaba premiado con 400.000 euros, de los que hay que descontar la retención para Hacienda; de ahí que, en concepto de responsabilidad civil, a la mujer se le imponga la devolución solo del neto, 320.580. La Audiencia da por buena la interpretación de la prueba que hizo el juez de lo penal, que descartó que el décimo en cuestión fuese sustraído. Igualmente, en el juzgado de instancia se consideró «improbable en extremo» que la condenada a devolver el premio, hubiese adquirido el décimo. Llegó a la conclusión de que «la única solución plausible y evidentemente lógica en el presente caso es que la acusada lo encontrara perdido (...)».

Rosalía R.F. dice que se encuentra muy mal a causa de este asunto. «Pillé una depresión, no duermo de noche», señala. Sostiene con rotundidad, como hizo al conocer la sentencia que recurrió sin éxito: «Yo lo compré».

Administración

Insiste que lo adquirió en la administración de loterías de las galerías de Santo Domingo, y que, como no había números terminados en 13, compró el que después resultó premiado porque empezaba por 13. No entiende que le impongan una multa: pese a las resoluciones judiciales, esta mujer se pregunta «qué delito cometí». Insiste en que quiere «que se haga justicia». Para dejar claro que está dispuesta a todo para que resplandezca su verdad asegura que, si hace falta, irá a gritarla «a la Puerta del Sol».

Rosalía R.F. se hace las mismas preguntas que se hizo cuando conoció la sentencia del Juzgado de lo Penal. Una de ellas, por qué la denuncia por la pérdida del décimo fue presentada después del sorteo y no antes. También sostiene que ella compró el décimo y que no tenía nada escrito por detrás.

«Pillé una depresión, no duermo por las noches; estoy muy mal», dice la mujer

Asegura que no tiene el dinero, porque lo gastó en obras y en liquidar un crédito

Rosalía R. F. habla con tono de desesperación. Expone con firmeza los mismos argumentos que utilizó cuando en junio pasado se conoció la sentencia del Juzgado de lo Penal que la obligaba a devolver el importe del premio del décimo de lotería que otra mujer denunció haber extraviado. Pero ahora, con la desestimación por la Audiencia de su recurso, su estado de ánimo ha empeorado, o al menos así parece.

Señala que gastó el dinero del premio. Por un lado, indica, en la liquidación de un crédito que tenía. Por otro, en obras en su casa y en el restaurante que regentaba en la carretera de A Fonsagrada, en Castelo. No hizo, dice, ni un solo viaje ni ningún gasto suntuario.

Rosalía emigró a Venezuela en 1967, donde tuvo, con su marido, una fábrica de zapatos. Regresaron a Lugo y montaron un bar en el barrio de Castelo. En 2009, enviudó y cerró el bar, para dedicarse a cuidar de personas mayores. Alquiló el local y le dejaron sin pagar el alquiler y numerosos destrozos, según asegura. De nuevo se hizo cargo del bar y restaurante. A raíz de lo ocurrido con el décimo del Gordo ha vuelto a cerrar. Y no volverá a abrir, o al menos esa es su intención en estos momentos duros, que vive con gran tensión y dolor.

«Estoy muy mal»

Rosalía tiene 67 años y, según asegura, no ha cotizado lo suficiente como para tener pensión. Confiesa que, en el juicio, «por dentro, casi me muero». Dice también: «Ahora estoy muy mal, lo que quiero es que se haga justicia; yo no encontró el décimo, lo compré».

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Tiene que devolver 320.589 euros de un décimo del Gordo, según la Audiencia