Lugo, el 1-O y algunos apuntes sobre valor y cobardía


Llegó el 1-O y el país vive en un sinvivir a la espera de saber qué ocurrirá, que pasará. Hoy, las crónicas que, como esta, traen los periódicos se habrán quedado sin jugo antes de que se acabe la tostada del desayuno. Arthur Miller dijo alguna vez que «un buen periódico es una nación hablando consigo misma». En España hay buenos periódicos; el problema es que, con frecuencia, España es incapaz de reconocerse/hablarse a sí misma y eso se acusa en los papeles. Esta vez le pasa en Cataluña y hay en todo el país, también en Lugo, un sordo dolor, una angustia creciente en el alma de la nación.

En Lugo, ya se dijo aquí, afloraron a los balcones, aventadas por el independentismo catalán, algunas banderas de España. Es, tal vez, una forma de decir lo que no ha dicho hasta ahora el Gobierno, una manera de alzar la voz de los que no la han alzado aún en defensa de la España constitucional. Rajoy, político silente, ha ido dejando en manos de jueces y policías una crisis, con riesgo de contagio, que no supo parar. El mutismo de Rajoy se extiende por todo su partido (PP). En Lugo, qué impenetrable es el silencio de los líderes populares ante el problema catalán. ¿Y el PSOE? En el PSOE en Lugo lo que no es naufragio es ejercicio de lentitud, de pasividad e indolencia. A los populares y al socialismo lucense, si es que aún queda algo de eso, les vienen que ni pintados en estos días algunos versos de Miguel Hernández.

En Lugo, el PSOE teme despertar las iras del BNG y la marea que defienden lo que defienden en esta crisis. Al PSOE, a los que mandan en el PSOE («(...) en el corazón son liebres,/ gallinas en las entrañas (...)», les acaba de dar una lección impagable Josep Borrell, socialista de probada inteligencia y agallas, un caso cada vez más raro en el partido del ferrolano Pablo Iglesias: aseguró, sin medias tintas, que lo de Cataluña es un golpe de estado. Cómo se echa en falta en Lugo que, desde la alta cumbre institucional en la que se encuentra, José Manuel Barreiro, portavoz del PP en el Senado, haga oír su voz en esta crisis, que es crisis nacional. Frente a ella, echando la vista sobre el panorama nacional, solo cabe temer que el romano Siro tuviese razón: «El cobarde a sí mismo se llama prudente».

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