Ven aquí a refrescarte

EL VERANO SABE A CÓCTEL... Y a fruta bien fría. Como el que más y el que menos ya se ha tostado bajo el sol, qué mejor que una ruta con hielo picado. Salimos.

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MARÍA GARRIDO/ NOELIA SILVOSA/ TANIA TABOADA/ BEGOÑA R. SOTELINO/ CARMEN GARCÍA DE BURGOS

Si hay algo que baja bien después de una jornada achicharrante es la fruta. Y el hielo. Y un digestivo, para qué negarlo. Si lo mezclamos todo en un mismo continente, el contenido no puede saber más a verano. Sí, nos vamos de cócteles. Conoce esos locales donde uno puede combinar lo mejor: el combinado perfecto y la brisa de una terraza con buenas vistas. ¿Se te ocurre un plan mejor? A nosotros no, así que empezamos sobre el asfalto y seguimos sobre la arena. Que nadie se quede sin cóctel.

1. Dos tragos solicitados

La terraza del Garoa está en el casco histórico de Santiago, muy bien situada, pero al mismo tiempo alejada del circuito turístico y discretamente recogida entre sombrillas y árboles que garantizan una temperatura agradable. Desde su apertura hace casi una década es un referente de la noche que vivió con intensidad la moda del gin tonic, pero desde hace un par de años el cóctel se ha hecho fuerte hasta convertirse en el producto estrella. Carlos Antelo, que junto a su hermano Mauro dirige este local, propone para el verano una solución de transición para los que todavía se resisten a dar el salto al cóctel: «Se llama Mojiterráneo, una fusión entre el gin y el mojito» que ya está arrasando esta primavera en el Garoa, porque lleva una mezcla de cítricos, albahaca, jarabe de azúcar, ginebra Gin Mare y Tónica 1724 que se sirve en una refrescante jarrita. Otra opción, en taza de cobre, es el Moscow Mule (Grey Goose, zumo de lima, menta y Ginger Beer). Son solo dos ejemplos de una oferta de más de cuarenta combinados que salen sin parar. «Los extranjeros, si ven la carta, prueban siempre», dice Carlos, que está muy satisfecho con la orientación que ha conseguido darle al negocio y la buena dinámica que tiene su terraza a poco que salgan dos rayos de sol. «El cóctel se toma desde la tarde y nos obliga a dedicarle un tiempo previo, porque nos ponemos un límite máximo de ejecución de entre un minuto y medio y dos minutos», asegura.

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2. Sobre la arena de Riazor

Si se trata de seguir esta ruta refrescante, hay que pasarse por La Boite, en la parte baja del Atlántico 57 de A Coruña. En su terraza lo único que indica que no estamos directamente con la copa sobre la arena es la estructura metálica que sujeta una cristalera que nos descubre unas vistas de lujo y que se sostiene prácticamente encima de la playa de Riazor. Así, a cualquiera le entra un cóctel. Y en este local, que pronto se reconvertirá en restaurante, la coctelería tiene un papel importante desde el principio de su andadura y tiene un hueco reservado dentro de su oferta.

Hablemos del cóctel por excelencia de las noches calurosas. Caipirinha, Caipiroska y hasta Caipirísima (sí, también existe) podemos pedirnos sentados desde una de sus mesas en una completa carta en la que la variedad manda: Martini 57 (un sello especial para ellos), Martini and tonic, mojito de fresa y de Marrakech, preparados clásicos como el Aloha o el mítico Coco Loco, todo tipo de combinados con vodka o también con ron y otros tantos vermús diferentes son las referencias entre las que podemos escoger si lo que queremos es un trago relajado. Porque si hay algo que quieren conquistar aquí, además de la cocina, es ese momento sagrado de la primera copa. De ahí su empeño en ir más allá del cubata clásico y apostar por esos combinados en los que el hielo y la fruta cobran el protagonismo que se merecen en pleno verano. Pues que así sea. Marchando un cóctel... o dos. Y pidamos otro en Lugo, ya que estamos. El lugar idóneo allí para disfrutar entre amigos y saborear un exquisito y refrescante cóctel en las tardes veraniegas se llama Zenith y se encuentra en la calle Escultor Otero Besteiro, en las inmediaciones de la conocida Avenida de A Coruña.

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3. Con luces y música en Lugo

El establecimiento, que regenta Susana Carreira desde febrero del 2013, apostó desde el principio por ofrecer al cliente un buen servicio de coctelería. Abre sus puertas a las nueve de la mañana para servir desayunos y cafés, pero es a partir de las cinco de la tarde cuando empieza lo fuerte: los cócteles. Ya por la noche, la responsable del local sube la música, baja las luces y lo convierte en pub. «Tenía otro local cuando cogí este, y ya me especialicé en coctelería. Es algo que triunfó desde el primer momento, porque está ahora muy de moda. Todos los meses vamos cambiando e innovando, tanto las ginebras, cócteles, como con otros licores», indica Susana Carreira, quien junto a su hija, se encarga de este servicio.

En el local trabajan seis personas y dispone de un carta muy variada de preparados, todos ellos servidos con fruta fresca y de temporada. Además se centran mucho en la presentación. Desde mojitos, daikiris, cócteles deluxe... y que oscilan desde los cinco a los siete euros. «Es mi sitio habitual de todos los findes. Como cóctel elegiría un mojito de mango y como combinado, un Puerto de Indias con tónica», indica María, una cliente fiel a este establecimiento.

Otro de sus incondicionales nos cuenta por qué es un local en el que merece la pena parar. «Es un sitio muy acogedor y muy agradable para tomarse un cóctel. La parte interior es muy bonita, y también dispone de terraza para las tardes o noches de verano. Vamos con frecuencia por las tardes, y muchas veces nos quedamos incluso a tomar alguna copa cuando abre el servicio de pub», indica Alberto.

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4. Con vistas a las Cíes

A punto de cumplir dos años de vida, ni las más optimistas previsiones hacían presagiar que de las cenizas del Jonathan, el decadente local que regentaba la simpar Karina Fálagan en la playa de Samil, iba a convertirse en uno de los espacios más cool de Vigo. Nadie daba un duro por la nueva apuesta ibicenca a los pies del furioso Atlántico, pero el cambio climático se ha aliado con el Marina Cíes Beach Club, y si no fuera porque las Cíes en el horizonte no dejan lugar a duda, aquello parece el mismísimo Mediterráneo. El local que gestiona Urogallo Capital, empresa de Odilo Rodríguez, va como un cañón, sobre todo porque ha sabido buscar hueco en el lujo y hacerlo accesible para un amplio espectro de clientes. El bar, al que ya le ha salido un hermano pequeño en Nigrán (Marina Estelas Panxón Beach Club), tiene una amplia oferta de casi todo, ya que funciona como un complejo de restauración en el que se empieza desayudando y se acaba cenando o tomando copas. Y en medio, un masaje de pies (o de manos, o de espalda), un ritual de relax y un cóctel en alguna de sus terrazas o en las tumbonas y camas balinesas que alquilan. La carta de cócteles es lo suficientemente amplia como para no perder la sensatez en experimentos raros y centrarse en clásicos de éxito probado. A su cargo hay un equipo profesional que los prepara de maravilla. Desde tragos de caipirinha, caipirísima de la pasión (con ron en vez de cachaça) o caipiroska (con vodka) al daiquiri clásico de fresa, margaritas, mojitos, el tradicional Tom Collins o el mítico Sex on the beach. Y para que quede claro que se puede flirtear con lo chic sin renunciar a momentos de normalidad, también te puedes pedir una jarra de sangría y dejarte de pijadas. Pero estábamos de cócteles, así que sigamos.

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5. Un mojito en el paseo pijo

Al Sanse Bulevar le es tan fácil presumir de su plus que le sobran palabras para resumirlo en una frase. Para quienes quieran leer, le daremos la versión extendida: se trata de uno de los locales que apenas están separados de la propia playa de Silgar por el paseo con el que comparte nombre. De modo que, si su plan es tomarse un mojito viendo uno de los atardeceres de moda de Galicia, la cafetería coctelería que posee Margarita Puime -entre otros cuatro establecimientos más repartidos entre Sanxenxo, Vilagarcía y A Illa- es uno de sus firmes candidatos. Una parte cubierta ofrece refugio para los más tímidos o las noches con algo más de viento, y otra en plena calzada exhibe sin pudor a jóvenes a partir de las once de la noche y hasta las 3 o 4 de la madrugada, y a adultos que suelen presumir de tener más sentido común desde las 8 de la mañana hasta esa hora. También puede disfrutar de un desayuno mirando al mar, claro, pero el encanto de los tres reyes de la noche del Sanse -los clásicos mojitos, daiquiris y piña colada-, hechos todos con frutas naturales, nada de concentrados, son una apuesta segura tanto para los grupos de jóvenes que se agolpan al principio del paseo para comenzar la noche como para aquellas parejas que les toman el relevo el resto de los días de la semana. Porque, por si les quedan dudas, las noches estivales están casi completas desde antes de empezar.

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