Lo último de los cacos, robar coches aparcados mientras el propietario asiste a un entierro

Vehículos aparcados cerca de iglesias o de cementerios son asaltados mientras se celebran las exequias


VILALBA / LA VOZ

Los cacos no se detienen ni ante un entierro. Una de las últimas modalidades consiste en aprovechar la presencia de vehículos que se concentran cerca de la iglesia o del cementerio mientras se celebran las exequias por alguien; y mientras el dueño del vehículo despide a un amigo, a un vecino o a un familiar, los amigos de lo ajeno se apropian de lo guardado en el interior del turismo.

Hace ya meses que se comenta comisión de este tipo de hechos. Anteayer a mediodía, en la parroquia de Cambás (Aranga), ocurrió uno de esos robos. Un coche fue asaltado mientras sus dueños asistían a un entierro, y al volver al vehículo, vieron que se había roto un cristal: varias llaves, algunas herramientas y algo de dinero fueron el botín.

El dueño del coche, un vecino de Lugo que era sobrino de la persona enterrada, acudió a la Guardia Civil de Betanzos para presentar denuncia. A la espera de que las investigaciones den algún resultado, en las fuerzas de seguridad ya hay conocimiento de este tipo de conductas. Por otro lado, teniendo en cuenta la cercanía de esas y de otras parroquias coruñesas con algunas de la Terra Chá y el hecho de que anteriormente se dieron robos similares en ambas zonas, el cura de Momán (Xermade), que también se encarga de Cambás y de otras parroquias de Monfero así como de Labrada (Guitiriz), dio ayer la voz de alarma ante sus feligreses.

Cuando los asistentes estaban reunidos en el atrio, antes de entrar en la iglesia, el sacerdote Luis Rodríguez Patiño aprovechó la celebración de un entierro en la citada parroquia xermadina para alertar de lo ocurrido y para advertir a los fieles de que tuviesen cuidado. En parroquias como Cambás, a los cacos les ayuda que los coches se aparcan en fila, junto a una carretera, porque junto a la iglesia hay poco espacio.

 Con sigilo

Así hay vehículos que van quedando alejado, y los amigos de lo ajeno encuentran más discreción para sus fines. Pero si hubiese un aparcamiento más amplio, apunta el párroco, también encontrarían ventajas, porque en la aglomeración de coches podrían pasar como dueños de los vehículos sin serlo realmente. El sacerdote insistió ante los asistentes en que tuviesen cuidado con aquellos forasteros que pudieran resultar sospechosos y en que no les diesen información sobre la vida personal de vecinos aunque se los pidiesen.

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