Cómo convertir un colegio multicultural en una fuente de oportunidades

El CEIP Paradai celebra una escuela de padres y madre


Lugo / La Voz

Cómo lograr que un colegio multicultural se convierta en una fuente de oportunidades para los alumnos, en lugar de una fuente de problemas. Es la idea que intentó transmitir Santiago González Avión, de la asociación Diversidade, de Vigo, en la charla que ayer impartió en el CEIP Paradai de Lugo ante decenas de padres de alumnos del centro. El encuentro es la segunda actividad del ciclo Aprendemos a vivir con la diversidad multicultural que organiza el colegio en el marco de la Escuela de Padres y Madres que empezó a funcionar este curso. ¿El objetivo? Mejorar y enriquecer la convivencia en un colegio que cuenta con alumnos de 19 nacionalidades diferentes, según explica la directora, Marta Castro.

Ante un auditorio multicultural, González Avión defendió que, «con medios suficientes», la convivencia «no es tan difícil» y la pluralidad cultural constituye una oportunidad «de que nuestra vida se haga más grande». Para ello, es necesario cambiar la forma de enfocar la situación: «Claro que enviamos a los hijos al colegio para recibir, pero tenemos que estar dispuestos a poner de nuestra parte, tenemos que pensar qué estamos dispuestos a hacer por el colegio Paradai para que este sea el mejor colegio para nuestros hijos». Es más, el paso por un colegio como el de Paradai, según este experto, es una buena forma de prepararse para una sociedad cada vez más plural y en la que hay diferentes culturas.

Y, para ello, es necesario profundizar en tres aspectos fundamentales, según resumió González Avión: unas normas claras de obligado cumplimiento para todos por igual, confianza en los otros y un poco de cesión por parte de todos para respetar las diferencias culturales.

Normas necesarias

González Avión partió su exposición explicando que casi todo lo que nos rodea «es cultural, no natural», es decir, «podría ser diferente», como cruzar con el semáforo en verde o cambiar la hora dos veces al año; «pero entre todos acordamos que sea así» para organizar la convivencia, porque «para poder convivir tenemos que cumplir unas normas». Eso no es impedimento, aclaró, para que se respeten las diferencias culturales porque estas «no tienen por qué hacerle daño al otro», como por ejemplo, diferencias en la gastronomía o en la religión.

Y eso se debe inculcar a los niños desde pequeños, por ejemplo, evitando etiquetar a los que nos rodean y fomentando el respeto: «Yo no le puedo decir a una madre marroquí que se vaya para su país, eso es una falta de respeto; ella decidió vivir aquí y hacer de este su país».

Confianza e información

Confianza e información son otros dos conceptos en los que insistió mucho. El primero, fundamental para construir la convivencia en cualquier ámbito: en pareja, entre vecinos... «La mayor parte de las personas, la mayor parte del tiempo, quieren lo mejor para la sociedad», señala. Sin embargo, ante hechos como el atentado de Londres, no se debe permitir que se rompa la confianza en la comunidad musulmana: «También hubo un hombre en Barcelos que salió con un cuchillo y mató a cuatro personas. ¿Vamos a desconfiar de todos los vecinos que tengan cuchillo? ¿Podríamos convivir así? Sería imposible».

Intercambios con países

Por otro lado, González Avión mencionó también la importante labor de las organizaciones dedicadas a fomentar la convivencia: «A través de una organización creamos lazos entre diferentes culturas del mundo». Se refirió, por ejemplo, a programas de intercambio entre jóvenes de diferentes países: «Hay que hacer un pequeño esfuerzo porque conociéndose y comprendiéndose podemos llegar a convivir». De hecho, explicó, algunas empezaron a surgir para evitar que volviese la guerra a Europa: «Vosotros no tenéis la responsabilidad de que la guerra no vuelva a Europa, pero sí de que este espacio de convivencia obligado funcione y sea una buena oportunidad para vuestros hijos».

Los conflictos con algunos niños gitanos, principal preocupación de los padres

Tras la charla de Santiago González se abrió el coloquio, en el que los padres sacaron a relucir su principal preocupación en relación con este tema: los conflictos con algunos niños gitanos.

Una de las madres expuso que estos conflictos con determinados niños traían consigo otro problema, grave también, el de la «culpabilización del grupo», en lugar de centrarlo en un individuo en concreto y, a la larga, «un mayor distanciamiento» con el colectivo gitano.

En opinión de Santiago González, el primer paso debe proceder de la propia comunidad gitana: «Cuando un gitano no sabe comportarse hay que decirlo, no porque sea gitano tenemos que defenderlo (...) y los padres gitanos no pueden defender al que no tiene defensa».

Señaló que «los gitanos valoran, por encima de todo, el respeto», pero «una minoría» de ellos está acostumbrada a que «la ley no es para mí (...) y a esos precisamente no les importa que los otros lleven la etiqueta de ‘gitanos malos’».

En este sentido, insistió en que la dirección del centro debe «aislar los comportamientos que son antisociales (...) A veces no se toman estas medidas porque parece que es fomentar el racismo, cuando es justo al contrario».

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