«Lugo perdió una oportunidad cuando abandonó el auditorio en San Fernando»

El arquitecto lucense dice que sus obras están en las antípodas de ser faraónicas


lugo / la voz

El arquitecto lucense Marcos Parga ganaba en 1999, con solo 28 años, el concurso de ideas para el auditorio en San Fernando. Aquella propuesta, que ilusionó a buena parte de la ciudad, se vino abajo cuando Icomos dijo que los volúmenes de su edificio suponían un daño estético a la Muralla.

Diez años después, ganaba otro concurso para un centro que debería ser referencia en el campus, el de Ingeniería Civil. Llegó la crisis y el proyecto se abandonó. Arquitecto reconocido, premiado y con prestigio docente, no tuvo suerte en su carrera profesional en Lugo.

-En el 2009, cuando ganaba el concurso para un edificio en el campus decía: «Creo que se está produciendo un cambio positivo sobre cómo afrontar el diseño de los edificios públicos». Al margen de su proyecto, que no se pudo hacer, ¿qué reflexión tiene sobre esa frase 8 años después?

-En aquel momento valoraba la apuesta por parte de organismos e instituciones de la ciudad por la celebración de concursos de ideas a través de los que elegir el proyecto que finalmente debía construirse. En la actualidad sigo pensando que este procedimiento generalmente garantiza la calidad de las propuestas elegidas. Desde mi punto de vista, los más efectivos son aquellos concursos de ideas en los que se designa por méritos a la mitad de los participantes y por calidad de la propuesta arquitectónica a la otra mitad, lo que permite a los arquitectos más jóvenes y a las ideas más frescas optar a este tipo de encargos.

-¿Puede valorar los últimos edificios que se han levantado en la ciudad?

-No conozco en profundidad la realidad y los procesos que se están llevando a cabo en la ciudad, por lo que es difícil y sería precipitado por mi parte responder. Lo que sí me gustaría comentar es que en mis visitas recientes he podido percibir una mayor sensibilidad y concienciación a la hora de diseñar y utilizar el espacio urbano por parte de los lucenses, con todo lo que eso conlleva.

-¿Tiene la sensación de que Lugo, cuando decidió cambiar la ubicación y abandonar su proyecto del nuevo auditorio en San Fernando, dejó perder un tren en todos los sentidos: arquitectónico, cultural, desarrollo del centro, económico, turístico…?

-Sí, creo que se perdió una magnífica oportunidad para dotar a la ciudad de un catalizador cultural justo donde más lo necesitaba: en el casco histórico.

-Su carrera profesional ha sido avalada con reconocimientos y ha trabajado para clientes públicos y privados, ¿pero se siente reconocido en Lugo?

-Creo que no se trata tanto de sentirse más o menos reconocido en tu ciudad, sino de seguir trabajando y hacerlo cada vez mejor para poder contribuir a su desarrollo, aprovechando cualquier oportunidad para participar

-¿Cambiaría algunas decisiones que hizo en su momento? Fue acusado por algunos sectores de algo «faraónico» en sus proyectos.

-En general creo que mi arquitectura se sitúa en las antípodas de aquello que algunos podrían considerar «faraónico», siendo por el contrario plenamente consciente de las cuestiones socio-económicas que rodean a todo proyecto para responder en consecuencia y de forma eficiente. Dicho esto, sin duda que cambiaría cosas de mis proyectos pasados: si siguiera haciendo hoy la misma arquitectura que hace 15 años, significaría que no habría aprendido nada en todo ese tiempo, lo cual sería preocupante.

-Supongo que seguirá defendiendo su proyecto para San Fernando. El tiempo quizás le acabó dando la razón vistas las obras que se hicieron posteriormente en otras zonas pegadas a la Muralla o el estado de abandono del cuartel.

-Más que defender un proyecto defiendo una idea, y creo que, como dije anteriormente, la idea de implantar un importante nodo de actividad cultural aprovechando el edificio de San Fernando ayudaría decisivamente a mantener viva la parte más preciada y a la vez delicada de la ciudad.

-«Cómo ser crítico y (no) morir en el intento», era el enunciado de una conferencia que ofreció este invierno. ¿Se siente así, un francotirador que habla claro y que tuvo claro lo que quiso hacer?

-Podría parecer que el título habla sobre mí, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, el objetivo era resaltar la importancia de desarrollar una actitud crítica en nuestro trabajo como arquitectos, para descubrir cómo esta puede multiplicar y enriquecer nuestra capacidad operativa. En un intento por recuperar algunas experiencias de los años 60 y 70 analizadas en mi tesis doctoral, reflexionaba sobre la necesidad de integrar la crítica en nuestra producción, pero no para crear una nueva utopía sino para construir una realidad mejor.

-¿Quién es hoy Marcos Parga? ¿Qué queda de aquel joven que intentó cambiar Lugo a inicios del siglo XXI?

-Alguien con la misma ilusión, pero mejor preparado.

«Ya no somos aquellas figuras que solucionaban problemas. Debemos ser más relevantes»

-En los últimos años ha profundizado en el diseño, la tecnología... como algo que forma parte de la propia arquitectura. ¿Nos puede explicar esta propuesta?

-Influenciado por mi actividad académica como profesor en la universidad, en la actualidad, además de seguir reflexionando sobre los procesos de diseño y el papel de la tecnología en el campo de la Arquitectura, mi trabajo trata de integrar y dejarse contagiar por los cambios que afectan a nuestra sociedad. El mundo digital y la invasiva cultura visual que determina nuestras vidas diarias están transformando la forma de relacionarnos, de usar las nuevas tecnologías, de consumir, de usar la ciudad… y como consecuencia afectan directamente a la forma en que está evolucionando nuestra disciplina. En este sentido, en el estudio nos dedicamos a explotar el potencial de la Arquitectura para identificar y tratar de dar respuesta a los problemas de nuestro tiempo, multiplicando así las posibles respuestas.

-Así como en otras artes parece que con la crisis los artistas son más creativos, ¿sucede lo mismo en la arquitectura? ¿Qué papel puede jugar el arquitecto en este contexto?

-Enlazando con la respuesta anterior, es fundamental que en estos momentos de indeterminación y cuestionamiento, el arquitecto redefina su papel dentro del sistema. La crisis ha supuesto una disminución de la actividad de nuestro sector, pero entendemos esta parálisis temporal como una llamada al orden, un paréntesis que debemos aprovechar para recapacitar sobre los perjuicios de la voracidad constructiva que nos sirva para, en el futuro, hacer mejor las cosas. Las estrategias de reflexión y reciclaje son variadas, lo que hace que deje de verse al arquitecto como aquella figura que solucionaba problemas constructivos, para empezar a ser relevante en muchos otros ámbitos.

 

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