La vieja lavandería de los quintos de San Fernando dejará sitio a un jardín

El Concello inicia los trámites para la demolición del edificio anexo al cuartel


lugo / la voz

A la vieja lavandería de los quintos del cuartel de San Fernando le espera la piqueta. Antes o después acabará derruída como sucedió en su momento con los locales que sirvieron antiguamente para caballerizas y después de almacén y también de cocina. Detrás de la edificación que debería ser museo o centro cultural y que, de momento, solo obtuvo como beneficio una capa de pintura, habrá en el futuro una plaza ajardinada. El Concello de Lugo inició los trámites para que la pala destruya una edificación que está unida al cuartel por un pasadizo. Esa parte no tiene la declaración de bien de interés cultural.

El Gobierno municipal acordó ayer encargarle a la Empresa Municipal de Vivenda e Solo los trámites para hacer los documentos necesarios para la determinación de las obras de demolición , «e doutras accións que se precisen», de la aludida construcción que se encuentra situada al oeste del edificio del antiguo Cuartel de Inválidos Inhábiles de San Fernando.

En su momento también fueron tirados los almacenes. Fue una decisión aplaudida por los vecinos del lugar porque los tejados estaban ya caídos y los interiores se habían convertido en una granja de ratas que, a veces, salían por la noche a la calle. Cuando se superen todas las cuestiones burocráticas caerá la lavandería y ya quedará libre un amplio espacio para zona peatonal que se complementará con la próxima Rúa Amor Meilán.

También ayer el Gobierno Municipal acordó encargar las gestiones para llevar a cabo una urbanización parcial de una parte de la calle Virxe da Soidade, en Lugo, «por motivos de seguridade de uso». Ese vial, explicó el portavoz municipal, Miguel Fernández, se encuentra en las proximidades del Colegio de As Gándaras y las obras que pretende el Ayuntamiento consisten en construir una acera para garantizar la seguridad de los alumnos de este centro que salen directamente a la calzada.

Asimismo, concedieron licencias para la restauración, consolidación y reformas del Pazo de Carrigueiros, en la parroquia de O Burgo.

La cocina y la carbonera también forman parte de la historia

La construcción del cuartel, que fue sede del Gobierno Militar y en sus inicios acogió las dependencias de los inválidos civiles, pasó por diversas vicisitudes. Cuenta el historiador lucense Adolfo de Abel Vilela que en octubre de 1779 acordaron sacar a destajo el suministro de piedra y que diez años más tarde la obra estaba acabada, pero no fue entregada hasta 1790.

Además de las distintas dependencias que había en el interior del acuartelamiento, se fueron añadiendo construcciones anexas en la parte posterior. En ellas estaban las cocinas y la carbonera, así como otras dependencias que en su día también sirvieron de caballerizas. Estas ya forman parte de la historia porque ya fueron derribadas hace ya más de un año.

Recuerda De Abel Vilela que en el recinto también había calabozo, almacén de leña, varias chimeneas, dos piezas de letrinas con doce asientos (estaban en la parte de abajo de lo que luego fue la lavandería). Además estaban dependencias varias destinadas a habitaciones de los oficiales y de los soldados.

En el limbo

El cuartel de San Fernando, es un ejemplo claro de que lo que menos importa aquí es el patrimonio. Defensa se lo vendió al Concello y la institución municipal se lo cedió a la Xunta, pero esta nunca llegó a hacerse cargo de las llaves. Actualmente el edificio que debería ser dedicado a fines culturales, o eso es lo que consideran un buen número de lucenses, se encuentra en un limbo y puede que siga así durante muchos años.

Una mujer se ocupaba de lavar en casa la ropa de las camas de los soldados

Antes de que llegara la lavandería al cuartel de San Fernando, una mujer de la zona se encargaba de lavar la ropa de las camas del establecimiento en el que en los años 80 hubo alrededor de cuatrocientos hombres, según expresaron ayer algunas personas. La lavandera pasaba periódicamente a recoger la colada y, cuando tenía las sábanas preparadas las entregaba de nuevo en la instalación. Por aquel entonces, soldados y mandos se encargan de mantener limpios sus uniformes.

Llegó un momento en que los mandos de Defensa optaron por establecer una lavandería a la que dotaron de unas enormes máquinas lavadoras. Tenían una capacidad superior a los veinte kilos de carga. En el recinto al que ahora le comienza la cuenta atrás, se hacía la colada. De la instalación se ocupaba un brigada y varios soldados. Estos, después de sacar la ropa, la pasaban a otra potente secadora. Quedaba después la fase de plancha antes de completar todo el ciclo.

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