Emerge del Sil un puente de la vía Lucus-Asturica

El nivel del embalse de Bárcena, en el Bierzo, deja ve también el paso del Camino Real que unió Madrid y A Coruña


ponferrada / la voz

El embalse de Bárcena, junto a Ponferrada, sepultó en 1960 pueblos históricos de la comarca que tenían rico patrimonio utilizado durante siglos por sus habitantes. Cada diez o quince años se produce el bajo nivel del pantano del río Sil -sobre un 24% de su capacidad estos días-, y deja al descubierto el puente romano de la Vía Nova que partía de Asturica Augusta y en Cacabelos (Bergidum Flavium) se bifurcaba para la vía XIX hacia Lucus Augusti y la XVIII a Bracara Augusta. Este paso, con origen en los siglos I y II, sufrió daños a inicios de la Edad Media, debido a las riadas, pero se recuperó en el siglo XII. Los peregrinos a Santiago que querían evitar en el invierno el paso por Foncebadón -cerca de Molinaseca- usaban una alternativa por el puerto del Manzanal, que bajaba hacia Bárcena. Esta ruta, que se conoce hoy como Camino Olvidado, está siendo recuperada por asociaciones y ayuntamientos del Bierzo.

El puente que ahora se puede ver, junto a la localidad de Congosto, fue reconstruido en el año 1501, como explica el historiador local Manuel Olano. Pero este paso volvería a renacer cuando formó parte del trazado del Camino Real que se ordenó construir en el reinado de Carlos III, a mediados del siglo XVIII. Aún hoy se puede apreciar en su trazado que tuvo pontones para abrir y cerrar el paso de las mercancías, para cobrar el pontazgo.

Se trata de una calzada que cuando pasó a ser Camino Real su tránsito fue incrementándose en la medida en que circularon las mercancías de exportación e importación de Galicia a la Meseta. Las investigadoras de la Universidade da Coruña Elvira Lindoso y Margarita Vilar publicaron varios artículos en los que recogieron todo ese trasiego de mercancías y de personas (unos 25.000 segadores gallegos al año, la mayoría de Lugo y Ourense) por este camino antes de que llegase el ferrocarril a Galicia y se construyese en el siglo XX la N-VI, momento en el que el puente de Bárcena quedó para uso local.

En el XVIII, la ausencia de caminos de ruedas para llegar desde Castilla a Galicia lastraba el desarrollo económico del noroeste, al que solo se podía acceder con animales de carga, lo que ralentizaba el tráfico y elevaba los costes, señalan las profesoras. La vía solo llegaba a Astorga, por eso la construcción del Camino Real fue decisiva para la economía gallega, y eso que ni fue fácil su ejecución ni su conservación. Las investigadoras apuntan que no fue hasta mediados del XIX cuando se empezaron a construir casetas de peones para la conservación de la carretera.

A mediados del XIX, explican, el Estado enviaba correos desde Madrid tres días a la semana con dirección a Galicia, mientras que eran diarios a otras partes de la península y a Francia. Lindoso y Vila señalan que la correspondencia se conducía en sillas de posta donde cabían tres viajeros agregados. Además, había tres empresas de transporte de viajeros que hacían el trayecto desde la Puerta de Alcalá hasta Lugo y A Coruña. Pero este Camino Real también sirvió de paso para el tráfico desde Galicia a Oviedo. No había vía por la costa, así que desde Lugo había que ir hasta Astorga, de donde partía un camino mediocre hasta la capital asturiana.

Con la mejora del Camino Real en el XIX puentes como el de Bárcena fueron atravesados por comerciantes, viajeros o vecinos que acudían a las ferias de la época. Fue el momento en el que los maragatos usaron esta vía para el comercio, introduciendo en Galicia granos, legumbres, aceite, vino, lana, paños y aperos de diferentes puntos de la península, mientras que desde los puertos de Galicia recogían y exportaban sardina, bacalao, salazones y escabeches hasta Madrid. Los leoneses apreciaban la feria semanal de Lugo para comprar ganado, paños y quincalla, que transportaban en las recuas de mulas por las montañas de Pedrafita.

El puente de Bárcena revive estos días, a la espera de las lluvias y las nieves. La Asociación de Romeros del Pantano quiere que las Administraciones lo pongan en valor. Será difícil. Pronto volverá todo a su cauce.

Las diferencias de duración del viaje 

16-20 días de viaje en 1755. El carruaje tardaba ese tiempo por el Camino Real entre Madrid y A Coruña. 38 km. de media al día. Eran entre 8 y 9 días en el verano.

5 días y medio en 1850. Un promedio de 111 km. al día.

5 h. y 24 minutos en el 2016. Así lo recoge la Guía Repsol a través de la A-6.

La historia del Camino Real

Todo parte de Madrid. Bajo el reinado de Carlos III, el marques de Esquilache, secretario de Hacienda, decreta en 1761 la necesidad de construir «caminos rectos y sólidos bajo una estructura centralizada y radial, sostenida en criterios más políticos que económicos», como explican es diversos estudios las investigadoras de la Universidade da Coruña Elvira Lindoso y Margarita Vilar. Ese mismo año comienzan las obras entre A Coruña y Benavente para convertirse en el eje de las comunicaciones gallegas. Se debatió sobre si desde Benavente se trazaba hacia el sur de Galicia, más poblado y menos montañoso, o hacia A Coruña, que interesaba más a la Corona. Los últimos trabajos fueron entre Becerreá-Lugo-Betanzos, entre 1777 y 1785.

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