La camiseta de Valentino Rossi para Iván

Los restos mortales del camionero tardaron más de 48 horas en ser enviados de Madrid a Lugo


lugo / la voz

Cuarenta y ocho horas tardó en ser enviado a Lugo el féretro con los restos mortales de Iván González Fernández, el joven transportista lugués que falleció en la tragedia del Guadarrama, el pasado lunes. La tardanza en la realización de la autopsia y, por tanto, la conclusión de los trámites judiciales provocaron que los restos mortales del fallecido no llegasen hasta la media tarde de ayer al tanatorio de As Gándaras.

Y de nuevo, los muchos amigos del fallecido se movilizaron par recibir su féretro y también para asistir a una celebración religiosa. Hoy, a las nueve, volverá a tener lugar una misa en el tanatorio por el que ayer pasaron numerosos vecinos de A Croa donde residía, así como familiares del conductor que era hijo único y que hacía no muchos años perdió a su madre.

El entierro de Iván González, será mañana, a las cinco de la tarde, en la iglesia de Albeiros. Y sus colegas, que ya el martes organizaron un encuentro y un recorrido con sus coches, preparan algún acto especial. Tienen previsto acudir con sus vehículos y hacer rugir sus motores al paso del féretro porque el camionero fallecido era un gran forofo del motor.

Esa pasión por el automovilismo y las motos hizo que alguno de sus amigos le llevase al tanatorio la camiseta de Valentino Rossi, el multicampeón del mundo de motorismo, que le habían comprado en el circuito de Cheste porque sabían que sería un regalo que le ilusionaría.

Todos los que conocían a Iván no dudan de que los coches y las motos eran su vida. También le gustaban los camiones grandes. Conduciendo uno de tonelaje medio, perdió la vida en un accidente cuya causa resulta difícil de saber.

Su redes sociales están llenas de referencias a competiciones automovilistas. Hay vídeos de carreras celebradas en el circuito de Braga, Portugal.

El fin de semana estuvo planeando con algunos de sus amigos qué hacer porque se le avecinaba la boda de un primo que coincidía con una carrera en el vecino país.

Según explicaron algunos de sus amigos, no hacía mucho que había sacado el carné para conducir camiones de varios ejes. En su Facebook colgó hace unos meses una foto de su carné de conducir explicando que llevaba diez años con él y presumía de tener todos los puntos.

Nobleza pura

«Era nobleza pura», dijo ayer una amiga del fallecido. «Más bueno imposible y yo no soy de las que cree que haya que hablar bien de las personas porque estas fallezcan. Las malas hierbas nacen y crecen, pero no se mueren. Las buenas, en cambio se van. E Iván se fue siendo una gran persona», indicó su amiga. Fue ella quien se ocupó de encargar una composición floral en forma de moto para colocar ante la tumba del joven en el tanatorio.

Por cierto que algunos amigos lamentaron que se demorasen los trámites judiciales para el envío de sus restos mortales a Lugo. No se explicaban cómo pudo tardarse 48 horas. «Si el accidente llega a producirse fuera, entonces ya ni lo enviarían», apuntó una amiga que explicó que alargar el sufrimiento de un padre tenía menos importancia que agilizar los trámites burocráticos.

Iván González llevaba unos cuatro meses trabajando para la empresa de Castro Ribeiras de Lea cuyo nombre figuraba en la caja del camión. Le habían renovado por otros tres más y a sus allegados no les hizo llegar ninguna queja. Es más, un tío suyo parece que llegó a comentarle no hace mucho que sabía de la existencia de un puesto en otra empresa en la que los recorridos eran básicamente por los alrededores de la capital, pero Iván prefirió seguir donde estaba porque, dijo, le acababan de renovar y prefería seguir.

Este joven de A Croa inició su jornada laboral a las diez de la noche del pasado domingo. El trabajo consistía en llevar una carga de productos de la empresa a Madrid. Esta era la ruta habitual que solía hacer con su compañero Alberto Armesto Carballido, también fallecido en el accidente.

Debieron de llegar a Madrid sobre las seis de la mañana. Descargaron, desayunaron y regresaban de nuevo a Lugo. Cuando llevaban media hora de camino Iván, no se sabe la razón, chocó contra la parte de atrás de otro camión que iba delante subiendo el Guadarrama.

Enterrado en el cementerio de Coeses el joven que viajaba como copiloto

Alberto Armesto Carballido, de 33 años, que viajaba como copiloto en el camión siniestrado en Madrid, fue enterrado ayer por la tarde en el cementerio parroquial de San Vicente de Coeses. Decenas de personas asistieron al funeral que tuvo lugar en la iglesia parroquial. «Solo tenemos un destino que es Dios», dijo el sacerdote que ofició la celebración.

Al acto asistieron numerosos amigos del camionero que expresaron su pesar a través de Facebook. Muchos de ellos colocaron en sus perfiles lazos negros y dedicaron emotivas palabras al fallecido y también a sus allegados.

Alberto Armesto vivía con sus padres en la calle Aquilino Iglesia Alvariño. Sus abuelos maternos tienen residencia en San Vicente de Coeses. Era hijo único.

En este caso sus restos mortales llegaron ya en las últimas horas de la jornada del lunes porque fue el primero en fallecer y la autopsia no se demoró tanto como la de su compañero.

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