Talento femenino para crear el CIAR

El equipo se encarga también de buscar clientes para ofrecerles las instalaciones


lugo / la voz

Ana Corrales, ingeniera aeronáutica; Neves Seoane, física de la atmósfera; Margarita Hernández, economista y Carmen Muñoz, física, son las cuatro personas a las que el INTA encargó poner en marcha el CIAR (Centro de Investigación Aerotransportada de Rozas). Las cuatro profesionales no fueron seleccionadas para cubrir ninguna cuota femenina ni por razones de discriminación positiva. Se incorporaron a sus respectivos puestos, después de opositar.

Margarita Hernández trabajaba antes en el departamento económico del INTA, en coordinación y planes; Neves Seoane, la gallega del proyecto CIAR, estudió Física en Santiago, se especializó en atmósfera en Oviedo y estuvo antes en una consultoría; Ana Corrales estuvo en nómina en una subcontrata de AENA, en el mantenimiento de aeropuertos y Carmen Muñoz, procedía de la empresa privada. En España trabajó en energías renovables y en Múnich (Alemania), en física de partículas.

Ana Corrales fue la primera en incorporarse al proyecto de Rozas. Lo hizo a través de su tesis doctoral, en la que desarrolló las necesidades en tierra de los UAVs, que es uno de los pilares en los que se sustenta el CIAR. Partió de una situación real, la de un aeródromo de los años cuarenta, el de Rozas, que si bien precisaba una reforma a fondo y una inversión importante, contaba con una gran ventaja para la investigación en aeronaves no tripuladas: su situación, con un espacio aéreo no saturado, con una pista de aterrizaje en uso y con salida al mar. En la tesis ya figuraba como CIAR de Rozas. El INTA se fijó en las instalaciones, que ahora comparte con el Real Aeroclub de Lugo, desde el primer momento, en que firmó un convenio con el club deportivo para su uso. Fue en el 2011.

La siguiente en sumarse al proyecto del CIAR fue la física gallega Neves Seoane, que es la responsable de instrumentación científica y que será la primera que se traslade definitivamente a Galicia cuando esté funcionando a pleno rendimiento. A medida que se fue desarrollando el proyecto se incorporaron Carmen Muñoz y Margarita Hernández. La primera asumió la complicada tarea de las contrataciones para un organismo público, como es el INTA, y ahora la tramitación de la compra pública innovadora, por valor de 7,5 millones de euros, que ya se encuentra en la fase de consulta al mercado. La economista es quien se encarga de gestión de los fondos del CIAR, que ya destinó 10 millones de euros a las obras de la torre de control, a la construcción del hangar y en habilitar la antigua terminal del aeródromo para laboratorios de experimentación.

«Hemos tardado más tiempo en convencer a las autoridades para que nos concedieran financiación y que creyeran en el proyecto -aseguró Ana Corrales- que en el resto. Para ello necesitamos dos años. Una vez que se convencieron y vieron las posibilidades que ofrecía fue bastante más fácil y prueba de ello es que ahora la Xunta de Galicia está impulsando el polo tecnológico de Rozas».

 Localizar clientes para el CIAR

El equipo del Centro de Investigación Aerotransportada de Rozas, capitaneado por Bartolomé Marqués, director de experimentación del INTA, no solo está concentrado en poner en marcha el centro de Rozas, sino también en buscar potencial clientela para prestarle los servicios que ofrecen de I+D+i y las certificaciones, que serán su fuente de financiación.

El centro de investigación de Rozas es pionero en plataformas aéreas de investigación y en desarrollos de aviones no tripulados. Dispone de instalaciones para las campañas de prueba. Hasta ahora se está desplazando personal y equipos desde Madrid. En un futuro Rozas dispondrá de personal propio y material.

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