El mar de plástico está en Begonte

Una explotación con doce hectáreas cubiertas de invernaderos prueba el modelo de producción del sur en un monte de Lugo


Baamonde / La Voz

La instalación, ubicada en la parroquia de Pacios, a pocos kilómetros de Baamonde, es visible tanto desde la autovía A6 como desde la E-70. Pero no es hasta que se visita cuando se percibe su formidable dimensión, única en Galicia: «Si se sienta aquí un domingo -explica un trabajador-, verá como no dejan de pasar coches». Lo dice desde una pista en la que hace un año apenas circulaban un par de vehículos a la semana. Pero la curiosidad está empezando a popularizar esta explotación que pretende importar el modelo andaluz de la producción de fresas a los montes gallegos.

«De momento es una prueba», afirma otro miembro de la empresa: «Estamos en nuestra primera campaña y tenemos que ver cómo sale. Si los resultados son satisfactorios, continuaremos. Si no, supongo que nos iremos». La instalación está siendo gestionada por Surexport, una firma radicada en Almonte, Huelva y dedicada a la plantación, venta y exportación principalmente de fresas. Pero, ¿por qué trasladar la producción a un lugar tan lejano y con un clima tan distinto? «Bueno, surgió la oportunidad y decidimos probar», afirma un portavoz de la firma que prefiere no ser citado.

En realidad, la zona es un monte comunal cuyos propietarios cedieron la explotación hace tres años. En marzo, tras algunos estudios, comenzó la plantación y el posterior montaje de los invernaderos cuyo principal objetivo es proteger a las plantas de la lluvia. Este mes, la empresa está llevando a cabo el último proceso de recogida: «En cuanto llegue el invierno, la planta deja de producir porque, con el frío, no hay maduración».

Tonelada y media cada día

De hecho, la llegada del invierno marcará la rentabilidad de la iniciativa de la que salen, según este portavoz, entre 1.200 y 1.800 kilos al día, la mayor parte de los cuales van directamente a Huelva para su redistribución desde los almacenes de la empresa. La variación en las cantidades está directamente relacionada con las condiciones meteorológicas: cuánto más calor, mayor producción y viceversa.

Las fresas cultivadas en Begonte llevan un sello que las identifica como producto gallego, aunque una simple cata determina con rapidez que se trata de fresas distintas a las que normalmente se adquieren en un supermercado: «Eso es porque tienen más azúcar. Las que se cultivan en el sur maduran rápidamente. Aquí, el proceso es algo más lento y permite que la fresa pueda generar más azúcares y eso se nota directamente en el sabor».

El éxito o no de esta iniciativa puede tener consecuencias notables ya que podría tratarse de una alternativa viable para el monte gallego: «La fresa es un producto que se vende y se consume mucho y, además, es un cultivo sostenible -afirma uno de los responsables de la explotación de Begonte-. Desde luego sería perfectamente cultivable en muchas zonas de Galicia con, incluso, la capacidad de mantener a una familia. El cultivo de una sola hectárea podría generar unos ingresos razonables durante todo el año». Este experto no descarta que la idea pudiera irse extendiendo por el monte gallego en los próximos años aunque, reflexiona, sería preciso una mayor audacia por parte de los emprendedores a la hora de comercializar el producto. La calidad y el sabor de las fresas, desde luego, suponen ya una ventaja.

Cultivos alternativos

En la explotación están preparando algunos cultivos alternativos para los próximos meses. Frambuesa y arándanos, concretamente. Las plantaciones serán más modestas y se llevarán a cabo a cielo abierto.

Mientras el responsable explica los planes de futuro inmediato, un enorme camión llega a la explotación para llevarse la carga del día. La proximidad de los invernaderos con respecto a la A6 facilita una salida rápida del transporte hacia Madrid aunque se trata, según el portavoz de la empresa, de una ventaja sobrevenida.

Un trabajo que ha quedado en manos de la comunidad rumana

Cuando la explotación comenzó su andadura, los encargados convocaron una reunión para contratar trabajadores. El acuerdo de cesión del monte comunal incluía que la mano de obra que pudiera generar la empresa sería contratada principalmente en el concello de Begonte y los de la comarca: «En aquel momento había en el ayuntamiento 257 parados, pero a la reunión solo se presentaron 50», explica un responsable de la empresa, que prefiere no ser identificado.

En la zona ha causado también curiosidad el paulatino desembarco de trabajadores, mujeres en su mayoría, de nacionalidad rumana para asumir las necesidades de personal de la explotación. «Tenemos una cuadrilla de gente de aquí, pero muchos de los que empezaron se fueron al poco tiempo. O no les gustaba el trabajo o no querían trabajar todos los días. Pero esto es un trabajo de temporada, porque la fruta madura todos los días», explica este responsable.

A medida que la mano de obra local se fue apeando del proyecto, Surexport ha ido completando sus necesidades de personal con cuadrillas que han llegado directamente desde otras instalaciones que la empresa tiene en Huelva, la mayoría, mujeres rumanas. El personal que gestiona la firma en Begonte asegura que son empleadas con mucha experiencia lo cual facilita mucho el trabajo.

Condiciones de campaña

Este portavoz asegura que las condiciones de trabajo son similares a las de otras campañas de recogida de fruta y que una persona, en condiciones normales, puede ganar entre 1.200 y 1.300 euros al mes trabajando 26 o 27 días en jornadas de seis horas y media. Las empleadas rumanas residen en cuatro casas de la comarca, desde las que son trasladadas en autobús a la explotación. «Aquí se ha dado todo muy deprisa -explica el portavoz-, porque en el sur lo normal es que se construyan poblados donde viven los trabajadores. Aquí no ha dado tiempo, por eso están desplazadas por varios municipios».

De momento, la compañía ha solicitado ya licencia para la construcción de unos bungalós en los que instalar a las cuadrillas. En cualquier caso, la llegada del invierno disminuirá sensiblemente el personal que se necesita en la plantación, ya que las tareas pendientes serán solo las de mantenimiento y preparación para la nueva plantación en el caso de que la haya.

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