«Hay miles de rumanos invisibles, que no son delincuentes ni se dedican a la prostitución»

la voz

Aunque los dos nacieron en Rumanía, Radu y Cristina Iacob se conocieron en un templo ortodoxo de Ávila, la ciudad a la que emigraron sus familias hace más de una década. Antes de guiarse por una vocación sacerdotal «que ocultaba», él estudió Teología, Relaciones Internacionales y dos másteres -uno por la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica-. Ella se licenció en Filología Inglesa e Hispánica. Ahora empiezan de cero en Lugo. «Tenemos una niña de seis meses y tenemos que buscar piso, trabajo... Todo», resume Cristina.

-En Lugo, donde la religión católica es mayoritaria, choca encontrar a un sacerdote que tenga mujer e hijos...

-Radu: La católica y la ortodoxa eran una sola Iglesia hasta el cisma de 1504, que empezó con una disputa entre dos personas [el Papa y el patriarca de Constantinopla], pero que se generalizó porque había diferencias culturales más que de doctrina. En la Iglesia ortodoxa hay dos opciones porque también hay curas solteros. Los que quieren tener una familia tienen que estar casados en el momento de la ordenación, y la mayoría opta por esto. Cuando los fieles tienen problemas familiares, si el cura tiene una los comprende mucho mejor.

-¿De qué vive un cura ortodoxo?

-Cristina: En Rumanía el cura puede ser profesor de religión, pero aquí no puede vivir solo de de los servicios porque no tiene sueldo, solo una ayuda del Patriarcado ortodoxo de unos cien euros que no da ni para la compra, por lo que hay que trabajar.

-Radu: En Ávila yo he trabajado como recepcionista en un hotel, y ella dando clases de lengua, inglés y filosofía. Allí tenemos a nuestra familia. Lo teníamos todo, pero lo hemos dejado por los fieles que están en Lugo y necesitan una iglesia ortodoxa.

-¿Qué opinan de que muchas veces se asocie a los rumanos con mendigos, robos, mafias...?

-Cristina: Es una imagen un poco distorsionada. Hay miles de rumanos invisibles, que no son delincuentes ni se dedican a la prostitución. Eso pasa en Rumanía igual que en todos los países del mundo. Mis padres trabajan, mis hermanas estudian. Una de ellas hizo Derecho y ADE y ahora está trabajando en la Caja Rural de Salamanca. No se puede meter a todo el mundo en un mismo saco porque hay muchas mujeres que trabajan en casas, o cuidando niños, o personas mayores..., y si las han contratado es porque las conocen y han demostrado que son de confianza, que hacen bien su trabajo. Y con los chicos igual. Hay muchos que llevan aquí años trabajando en lo mismo, que no han cambiado, lo que significa que son serios. Pero lo bueno nunca se da a conocer.

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