Alume controla y medica en Lugo a 14 sintecho con brotes psicóticos

Les facilita el acceso a atención psiquiátrica y a otros recursos asistenciales

Las trabajadoras de Alume visten petos azules en las salidas.
Las trabajadoras de Alume visten petos azules en las salidas.

lugo / la voz

Caminan desorientados, sin rumbo, con la mirada perdida o hablando solos, duermen en portales, a veces provocan broncas, el resto de la gente se aleja cuando se cruza con ellos por miedo... Las personas con enfermedad mental que viven en la calle son «los excluidos de entre los marginados», como destacan desde la Asociación lucense de axuda a enfermos mentais (Alume), que impulsa un programa pionero en Galicia mediante el que está ayudando a 14 sintecho con trastorno psíquico de Lugo. Tienen entre 19 y 80 años, y aunque la mayoría son hombres también hay mujeres. Y lo hace mano a mano con Cruz Roja, que lleva años apoyando en la calle a los sintecho. «Hace tiempo que venimos observando que es un campo en el que debíamos intervenir», subraya el presidente de Alume, Manuel Fernández Prazo. Tras identificar a los «posibles beneficiarios», tres trabajadoras del proyecto, que se llama Espertar, se encargan de su seguimiento para mejorar su estado de salud y conseguir integrarlos en los recursos que existen, como el local de Cruz Roja donde pueden desayunar y ducharse, el Fogar do Transeúnte, los servicios sociales del Concello, o el ropero y el comedor social de Cáritas. «Hay recursos pero no pueden hacer uso de ellos porque sufren trastornos psicóticos o alteraciones graves de personalidad que los incapacitan», explica la directora del centro de Alume, Ana Regueira. Tres trabajadoras del proyecto salen a la calle tres días a la semana (lunes, miércoles y viernes) para acercarse a ellos, establecer una relación de confianza y conseguir que accedan a recibir atención psiquiátrica. Con ese fin los acompañan a unidades de salud mental y a psiquiatras, donde les inyectan la dosis de antipsicóticos que les corresponde, y cuyos efectos duran entre 15 días y un mes, según la prescripción médica. Ese tratamiento ayuda «a que no se metan en problemas». «La medicación oral es casi imposible que la tomen porque tienen que estar pendientes de mirar el reloj, de tener agua...», reflexiona Regueira. Desde Alume destacan la colaboración que están encontrando entre los sintecho y en la ciudadanía en general, además de entre el colectivo sanitario y otras entidades.

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