«El Partido Comunista fue injusto con Enriqueta Otero, una gran luchadora»

Quico logró escapar a Francia en los años cincuenta pero no todos sus compañeros pudieron


Lugo

Francisco Martínez, Quico, entró a formar parte de la guerrilla antifranquista en 1947, aunque desde aproximadamente los diez años ya formaba parte de los enlaces. Ahora, a punto de cumplir los 90 años, hace recuento de lo que fueron aquellos años de lucha contra la dictadura pero también de esperanza en la respuesta que podrían dar los aliados al ganar la Segunda Guerra Mundial.

-¿Fue tan romántica la resistencia guerrillera como se pintó?

-Es difícil responder porque hay de todo, desde los que exaltaron el heroísmo hasta que nos trataron de bandoleros. Lo que sí había era un activismo profundo de compromiso y con los compañeros. Puede parecer muy romántico; pero lo pasamos mal, con enfrentamientos con la guardia civil, con muertos o con el exilio.

-¿Llegó a haber tantos infiltrados como se dice?

-Alguno hubo, pero no fueron muchos. Los problemas surgieron más con otros compañeros porque nosotros sabíamos cómo había que luchar en Galicia y cuando después de finalizar la guerra mundial, llegaron cuadros del PCE, traían ideas de lucha como la realizada en Francia y aquí no era lo mismo. Hubo, eso sí, algunos infiltrados de la policía, pero no llegaron a tener poder dentro de la agrupación guerrillera.

-¿Cómo fue el papel de la mujer?

-El papel de la mujer en la guerrilla ha sido muy importante y, sin embargo, es la gran olvidada, ya que de ellas se olvidan hasta los historiadores, a pesar de jugar un papel fundamental, tanto en los enlaces, como Carmiña de Montefurado, Carmen de Villamartín o la lucense Manuela Sánchez, que fueron torturadas, violadas y asesinadas, sin olvidarse de las mujeres que pertenecían a los grupos guerrilleros.

-¿Cómo se surtían de armamento y propaganda?

-La propaganda la hacíamos con máquinas de escribir, salvo Mundo Obrero, que nos lo enviaban. Por lo que se refiere al armamento, fuimos a Asturias porque los mineros habían guardado armas en abundancia y luego nos surtíamos de las que le cogíamos a la Guardia Civil. En 1951, tuvimos un duro enfrentamiento con las fuerzas; y al escapar, nos topamos con un guardia muerto, al que arrebatamos el naranjero. También desde Portugal nos llegaban algunas, porque el PCE no nos dio ni armas ni dinero.

-Enriqueta Otero fue para unos una heroína y para otros una luchadora floja. ¿Qué opina?

-El Partido Comunista fue injusto con Enriqueta Otero, muy luchadora y con un carácter muy firme. Fue olvidada porque se dijo que tras ser herida, cantó ante la policía y detuvieron al partido en Lugo; pero aunque así fuese, hay que saber la capacidad que cada persona tiene para superar el dolor cuando la torturan y ella, probablemente, no lo resistió.

-¿Quién dio la orden de retirada a Francia al ver la lucha perdida?

-Nadie nos dio orden alguna. Fue un acuerdo tomado entre los últimos guerrilleros que quedábamos, porque vimos que había que escapar pues las cosas se ponían mal y corríamos peligro de muerte, por lo que decidimos emprender la marcha hacia Francia, que, por cierto, estuvo llena de peligros.

-Que guerrilleros como Pinche o Piloto se negasen a la retirada, ¿no fue contraproducente?

-Estos compañeros tenían mucho apoyo en los pueblos y aldeas. Eran de nuestra agrupación, y no se atrevieron a marchar, pensando que el régimen de Franco iba a durar poco. No tenían sentido del bandolerismo; pero al quedarse aquí, ya no eran guerrilleros, sino que actuaban por supervivencia porque si se entregaban, les esperaba la muerte o muchos años de cárcel..

«Nos sentimos traicionados por las fuerzas democráticas»

«No solo nos sentimos olvidados, sino traicionados por los partidos democráticos con el acuerdo al que llegaron en la Transición. Hasta el punto de que los muertos y los que hemos luchado en el monte contra la dictadura seguimos siendo delincuentes. Es cierto que de vez en cuando algunos organismos internacionales denuncian que en España siguen sin perseguirse los crímenes de lesa humanidad, pero las fuerzas democráticas de este país siguen sin tomar nota, y en los libros de texto no se habla para nada de la lucha antifranquista ni se clarifica la historia durante la dictadura», relata Martínez.

-¿Cuál ha sido el momento más duro y el más feliz de su vida como guerrillero?

-El más alegre, cuando me vi libre al llegar a Francia, porque el paso hasta allí fue muy complicado. El momento más duro, el último combate con las fuerzas policiales, que duró 14 horas. Éramos cuatro guerrilleros y un gran número de guardias civiles, que incluso traían un mortero y quemaron dos casas para rodearnos y capturarnos. Fue en Corporales (León), y vimos que íbamos a morir, aunque pensamos que teníamos que hacerlo con dignidad. Al final, logramos salir a tiros vivos los cuatro.

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