«Las chicas tenían un pequeño enamoramiento de Rosendo»

Josefa Rodríguez, modista de las miguelianas, dice que quisieron captarla


vigo / la voz

Josefa Rodríguez Maneiro, peletera y modista de Vigo con larga experiencia en el mundo de la moda, cerró en el 2008 su taller en la calle Placer, después de jubilarse. Durante los años de auge de la Orden y Mandato de San Miguel se convirtió en la diseñadora de la organización.

«A una mayorcita que estaba en el grupo le hablaron de mí y vinieron a hacerme el encargo de los uniformes. De eso hace más de diez años», recuerda. Una de las personas que le pidió los trabajos fue Marta Paz, uno de los bastones de Miguel Rosendo. «Querían prendas para el frío. Ellas tenían su idea de los colores que deseaban. No me trajeron dibujos, pero yo les sugerí que fuesen acampanadas».

De este modo salieron de su taller 60 abrigos de fieltro y capas para ocasiones de gala, como la actuación que realizaron ante el papa. Cuando la televisión los entrevistó, una integrante del grupo manifestó que los trajes se los habían hecho ellos mismos. «¡Y eran cosa mía!», recuerda la costurera.

A medida que aumentaba el colectivo, que experimentó un fuerte auge entre los años 2002 y 2008, crecía el número de personas que pasaban por el taller de la costurera. «Venía gente de Lugo, de Ourense... y regateaban bastante con el precio». Josefa aceptó que cada capa les costase 18 euros, y los abrigos de fieltro, 20. Recuerda que en una ocasión no se realizaron los pagos estipulados: «Tuve una discusión con Marta. Le dije que necesitaba cobrar».

Los uniformes se usaban en actuaciones con el coro, en las procesiones... «Yo les preguntaba cómo era la persona que las dirigía y ellas me decían que era un hombre de Dios, consagrado e iluminado. Las chicas jovencitas estaban embobadas con él. Las demás tenían un pequeño enamoramiento de Rosendo». Recuerda que «hablaban maravillas». «Yo veo en él la cara de Dios», le dijeron en otra oportunidad. Los miembros de la organización le entregaron folletos con información. «A mí la religión me importa. Ellos me hablaban y noté que me querían captar de un modo suave, pero me puse en guardia».

Josefa Rodríguez, conocida como Pitusa, solo elaboró las capas y los abrigos, pero no hizo los uniformes, que fueron encargados posteriormente. Tampoco confeccionó los «de traje», parecidos a los de los Boy Scouts, ya que la organización tenía otros proveedores y encargaba ropa a más sastres.

Pitusa asegura que recuerda sobre todo esta experiencia «por lo chocante que resultó». Lo que más le llamó la atención fue «la manera en que hablaban de Miguel Rosendo. Yo pensaba: "¡Pobrecillos!, me recuerdan a los del Palmar de Troya"».

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