El reloj de Baralla recupera el pulso

Los vecinos barren los cristales y evalúan los daños sufridos en sus casas


Lugo / la Voz

El reloj del Consistorio de Baralla vuelve a dar la hora exacta. Poco a poco, la normalidad vuelve a la localidad lucense, después de que la madrugada del pasado miércoles se detonase un artefacto explosivo a las puertas de la Casa do Concello causando numerosos daños materiales. Ayer tocó hacer la revisión de los desperfectos, entre los que se sumaron multitud de cristales rotos, grietas y abolladuras.

La peor parte se la llevó el edificio municipal. Según explicó el alcalde de Baralla, Manuel González, el perito determinó que con la explosión se produjeron daños estructurales en el inmueble. «Los daños más graves están en el Concello. Estuvimos toda la mañana haciendo la evaluación de los desperfectos y en principio parece que el coste de la obra puede rondar los 200.000 euros». El primer edil reconocía ayer que esperaba un coste menor, pero que las reparaciones serán más importantes de lo que se pensaba en un primer momento, «ahora se ve que en la estructura del porche hay algunas deficiencias y probablemente haya que cambiar todo el frente del ayuntamiento, lo que supondrá una cantidad importante de dinero».

Desde primera hora de la mañana, operarios municipales trabajaron para trasladar el diferente material de oficina calle abajo, hasta las dependencias del Centro Sociocultural que acogerá de forma provisional el Concello mientras duran las obras. «Más o menos contamos con estar de vuelta al edificio a primeros de año, si todo va bien y nos dejan trabajar ya pronto, aunque podría dilatarse un poco más», confirmaba el alcalde. Respecto al traslado, Manuel González confirmaba que espera que las conexiones y los ordenadores estén funcionando desde hoy. «Queremos empezar la vida normal y restablecer la normalidad dentro de lo que se pueda para que la gente vaya olvidando este incidente, que no es un incidente menor, es una salvajada». Confirmaba ayer el alcalde.

Otros que trabajaron a destajo desde primera hora fueron las cristalerías, a mediodía, Cristales Lucenses ya se había hecho cargo de una treintena de cristales «¡Y los que nos quedan!», comenta uno de los empleados. Casas y negocios que han pasado la noche con las persianas cerradas o con maderas tapiando las ventanas. Es el caso del bar Centro, colindante al Consistorio y uno de los más perjudicados. En el otro lateral del Concello, Aurora Grandas aspira los cristales que quedaron esparcidos por el interior de su casa. La explosión le cogió en su vivienda de Lugo, «menos mal, porque saqué cristales de encima de la cama y sin embargo, no me rompió ni una figura ni nada de lo que tengo colgado en las paredes», comenta. La pasada noche durmió en Baralla, «para evitar que entrasen a robar, le pasamos una cadena a la puerta y me tomé una pastilla para dormir y como un tronco», confiesa. Se ha pasado el día respondiendo las llamadas telefónicas de sus familiares, más tranquilos al enterarse de que no hubo heridos.

En las terrazas y los corrillos que se formaron en casi cada rincón de Baralla, los vecinos no hablaban ayer de otra cosa: la suerte de que la explosión no hubiera cogido a nadie por el medio. «No hay derecho a esto -decía indignado un vecino- cada uno es libre de pensar lo que le dé la gana, pero esto no está bien, podían haber hecho mucho daño».

Crónica El día después del atentado

El perito cifra en 200.000 euros las reparaciones de la Casa do Concello

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