Al Jazeera, de ruta por Galicia

Un equipo de la televisión catarí recorre aldeas abandonadas y pazos en venta en la comunidad, que a veces cuestan menos de 50.000 euros


Redacción / La Voz

Para llegar a la aldea de Arruñeda hay que extraviarse entre A Pontenova (Lugo) y Taramundi (Asturias) por una senda embarrada, perdida en medio del monte y, por supuesto, sin una señal. Y la pregunta es ¿qué hace a las dos de la tarde un lujoso Audi negro enfangado en esa corredoira? Pues verán, en su interior viaja un equipo de Al Jazeera, la televisión catarí, que recorre pueblos abandonados y pazos de Galicia. Preparan un reportaje para su canal internacional.

«¡Nada de fotos, nada de fotos!, hay que pedir autorización a Doha», nos advierten al empezar el recorrido. Sus anfitriones son miembros de Aldeasabandonadas.com, una inmobiliaria on-line que tiene a la venta estos bienes. «A finales de semana vendrán los de la televisión checa y de la australiana, y ya han estado aquí los franceses, los americanos y los de la BBC», asegura Rafael Canales, responsable de la empresa, que se frota las manos pensando en la arroutada de algún jeque.

La expedición visitó por la mañana A Ferreira, en A Pontenova, una rectoral con otras seis edificaciones, río, molino y más de tres hectáreas de terreno. Cuesta 349.000 euros. Al mediodía llegaron a Arruñeda, la aldeíña de cuatro casas que restaura el inglés Neil Christie, todo amabilidad. «La casa principal está en Asturias y los pinos en Galicia», ilustra sobre el perfil fronterizo de su propiedad, con la que lucha a brazo partido desde el 2007 en singular batalla con los regueros de agua y el suelo pizarroso.

Por ahora son dueños de su finca una hormigonera, una grúa, una excavadora y demás maquinaria de la que se vale. «Alquilarla es muy caro, así que me la he comprado». Dice que la casa estará lista para habitar en un año, pero ya va avisando a los jeques: «Esto no está en venta, demasiado trabajo».

Allí, en medio de la nada ha montado su guarida este ingeniero que eligió Arruñeda para vivir junto a su mujer porque, de las aldeas que visitó, «es la única en la que no estropea el paisaje alguna torreta de la luz». Neil pagó por sus dominios 45.000 euros, pero ha invertido «más de 250.000 en la reforma». Lo más complicado, a veces, «subir hasta aquí el material». Una de las casas la habitará su amigo Chris Arias, un americano de Virginia cuyos antepasados eran precisamente de este remoto confín.

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