El porco celta resurge con una docena de granjas en la comarca

El Concello tramita una petición para abrir otra en la parroquia de Xeve


pontevedra / la voz

«Me quedé en paro después de trabajar en la construcción y hace tres años que compré una hembra y un macho de porco celta. Hoy tengo 16 cabezas». Quien habla es Antonio Bermúdez, de 32 años, que tiene los animales repartidos entre dos fincas en Portonovo. Es solo un ejemplo del bum que vive la cría de porco celta después de estar denostado en el mercado culinario durante décadas. Hoy, su carne, considerada una delicatessen, es cada vez más apreciada por el consumidor y ha abierto un nuevo nicho de mercado para profesionales y aficionados, ya que su modelo de producción no necesita tantos requisitos como la granja tradicional. Las extensiones de terreno donde cuidarlos han ido extendiéndose desde el norte de Galicia -especialmente en Lugo- hacia el sur. Solo en la comarca de Pontevedra hay 12 granjas dedicadas al porco celta, tres de ellas en la ciudad de Pontevedra.

La décimotercera podría estar en camino. Su puesta en marcha depende de la respuesta que la Consellería do Medio Rural dé a una petición formulada por un vecino de Pontevedra para abrir una en el lugar de Gatomorto, en Santa María de Xeve. Su caso fue tratado en la comisión de urbanismo del Concello de Pontevedra a finales del 2013, donde emitieron un informe negativo alegando que la explotación estaba situada a menos de 100 metros de las viviendas. La ley señala que si se trata de nuevas explotaciones con base territorial -comen los recursos de la tierra- puede estar a esos polémicos 100 metros.

Con o sin esa décimotercera granja, su bum está constatado. «A mi me lio un amigo, pero reconozco que traga más tiempo que dinero. Necesito estar dos horas al día dedicado a eso», señala Bermúdez, quien reconoce que a día de hoy «nadie te da más de tres euros por kilo canal». Pero entonces, qué hace tan exclusiva esta carne, que se compara con la del cerdo ibérico. Esta raza porcina se cría en libertad y su dieta se equilibra con los nutrientes del suelo. Su alimentación es natural lo que les hace crecer con mayor lentitud y dar más valor a su carne, que se vende en fresco. Asoporcel se encarga de certificar, autorizado por la Consellería do Medio Rural, la raza del porco celta para ponerla en valor. Aunque en un principio la apuesta iba dirigida a la venta de jamones, la realidad es que «lo que tira de la demanda y ha roto la estacionalidad es la carne, que se vende a alta restauración», señalan los ganaderos.

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