Historias de la ORA que ¡Acalora!

Así es el implacable control sobre los conductores que aparcan en la zona azul de Lugo


lugo / la voz

Pocos servicios generan tanto cabreo en Lugo como la ORA. El PP lo decía el otro día: persecución implacable y afán recaudatorio. Algunos controladores cumplen tan a rajatabla el cometido que les marcan desde arriba que son como un reloj de precisión. La voracidad sancionadora que parece que les insuflan es extrema. Además, últimamente a la empresa adjudicataria del servicio de recaudación no se le escapa ni una multa.

Los usuarios del servicio echan chispas. Para colmo, el nivel de bordería de un par de controladores es extremo. Algunas personas de la empresa adjudicataria tampoco se distinguen por mínimo de atención correcta a los usuarios.

Las redes sociales hierven de quejas contra la empresa, su afán recaudatorio y algunos de sus empleados. «La chunga de la ora» es el nombre de un usuario, de Twitter muy activo hasta hace unos meses. Quizás el nombre lo eligió basándose en una agente que todos los usuarios conocen de sobra, y no precisamente por su simpatía.

A continuación se expresan las principales situaciones de queja que plantean los clientes. Antes, recordar un dato aportado por el edil del PP Antonio Ameijide: el año pasado la empresa adjudicataria recibió 901.621 euros y solo 180.324 fueron a las arcas municipales. Otra cuestión. «Los controladores solo cumplimos órdenes. Nos llevamos la peor parte, que son las críticas de los conductores», advirtió ayer un empleado.

a la caza

Ni tiempo a comprar el tique. Quien esto les narra ha de reconocer que no pudo evitar enfurecerse con un activo recaudador que no dejó ni tiempo a sacar el recibo para colocarlo en el parabrisas. «¡Pero que hace éste!», fue el primer pensamiento al que se le retiran algunos tacos del texto que ya se pueden imaginar. Aún con la calderilla en la mano para dársela a la máquina, el empleado ya merodeaba, con claras intenciones de sumar otra multa en su haber. Tanto es así que ya empezaba a manejar la maquinita de hacer dinero aunque sea a consta de no entrar en ningún tipo de razón. Parece como si hubiese que multar como sea y donde sea. Si en cualquier momento a los policías locales les entra semejante deseo, muchos tendremos que huir.

«¿Onde vai?», grito acelerado al vigilante. «¿Está cego? ¿Non ve que estou sacando o papeliño? ¡Manda carallo!. ¡Nin tempo dan a sacar o tique!», respondo al empleado. Este guardó la máquina y se fue sin disculparse. Y menos mal que no abrió la boca... Dios mio, ¡Si llega a ser alguno de los dos que todos los usuarios conocemos...!

El PP recibió quejas de un automovilista al que sancionaron mientras iba a buscar cambio a un bar porque el lector de las tarjetas del parquímetro no funcionaba. Ejemplos como los reseñados hay todos los días.

Tres minutos

Implacables. Un consejo. Si aparca en la zona Ora y si no tiene móvil para activar una alerta, llévese un despertador y prográmelo. Despistarse tres minutos le supondrá 90 euritos de multa si no anula la denuncia. Eso le ocurrió a varios conductores. Servidor no ostenta ese récord. Se queda en los diez minutos.

La contundencia sancionadora llega a tales extremos que aún teniendo el salpicadero lleno de papelorios cumpliendo los distintos plazos, algunos controladores multarán aún quedando 20 minutos para las dos de la tarde que es cuando acaba, por fin, la pesadilla. Quien espere clemencia o manga ancha, puede aguardar sentado.

«Es una pesadilla para quienes somos usuarios diarios del servicio. Diría que se trata de una persecución en toda regla. Ves controladores por todas partes: a pie, en patinete... Y no se crea que levantan 15 minutos antes de acabar su jornada para irse a tomar una caña, no. Hasta el último minuto están multando», indicó una conductora que aparca en el paseo de Os Tilos.

Durante la conversación esa mujer me advirtió: «Le voy a dar un dato que seguro que le interesa. Tengo una sobrina que hace unos meses fue llamada a ser jurado popular en la Audiencia. Puso la advertencia en el parabrisas, pero vino uno de los implacables empleados y ¡Multa al canto!. Está recurrida y, de momento nada sabemos, pero es el colmo».

multas con tique

«Dice que no lo tenía puesto». Si deja un tique en la pinza que algunos vehículos tienen en el parabrisas, precisamente para cumplir esa función, vuelve antes del tiempo que marcaba el papelito y se encuentra con una «receta», no se cabree. No es el único. Eso le ocurrió a un vecino de Fingoi que dejó su coche en Ángel López Pérez con un tique válido hasta las 16.50. Llegó a las 16.40 y, ¡Sorpresa! ¡Multita!. Buscó por la zona a un controlador y cuando encontró a uno (no eran los dos a los que la educación les falla y mucho) y preguntó. «Mire eu non fun. Vaia aló hacia os xulgados que lle anda por aló e fale con él», aconsejó.

«¡Múltame sin xeito e por riba aínda teño que andar buscando o multador e perdendo o tempo! De eso nada. Fun directamente ás oficinas da empresa, na rúa río Neira e tamén perdín o tempo. Sin demasiada cortesía para tratar de solucionarme o problema, falan co autor da multa e este resposta: ¡E que quere se non tiña o tique posto! Quédame cara de pampo por non decir de jilipollas. Eu co tique na man e o controlador decindo que non o tiña. De alucine», relató el conductor. Estas son algunas historias de la ORA que, desde luego acalora a muchos de sus usuarios que se sienten perseguidos.

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