«Tener aún la plantilla en la Cámara de Comercio sin poder pagarle es una falta de respeto»

El que fuera director del organismo habla por primera vez de su traumática salida


Lugo / La voz

Alberto Fernández Piñeiro, (Barcelona, 1995) fue director general de la Cámara de Comercio de Lugo hasta que lo cesaron el 22 de septiembre del 2011. Siguió siendo abogado de la entidad hasta el 2 de enero del 2012, cuando también prescindieron de sus servicios, en medio de una tormenta de acusaciones contra él, especialmente por el elevado sueldo que cobraba. Debido a aquella tensión con la nueva dirección de la Cámara tras el fallecimiento del presidente Mosteirín y a que presentó demanda judicial por su despido, prefirió mantener silencio un tiempo. Ahora, un año y tres meses después, con la cabeza fría y desde el despacho de abogados de Lugo que comparte con otros colegas, aceptó analizar aquellos hechos.

-¿Por qué se produce su salida de la Cámara?

-Quien debe contestar eso es el que era presidente entonces. (Eduardo Núñez Torrón). Mi impresión es que estorbaba.

-¿Por qué cree que estorbaba?

-Durante el 2011 y tras fallecer el anterior presidente Alfredo Mosteirín, la situación personal fue muy tensa. Y ello, unido a la desconfianza mutua y el no estar de acuerdo en cómo querían llevar la cámara, hizo que prescindieran de mí. Por parte del comité de dirección había una absoluta inactividad; ellos querían que todo se resolviese desde Madrid tras desaparecer las cuotas obligatorias, que era la gran fuente de ingresos, y yo ya sabía que desde Madrid no resolverían nada. Esa situación se fue tensando hasta que en septiembre del 2011 un miembro del comité ejecutivo me pidió un informe de la situación de la Cámara. Lo hice sobre el día 20, y a los dos días me cesaron.

-¿Tan explosivo era el informe?

-No, solo advertía de lo que iba a pasar. Lo que ahora ya pasó: que sin ingresos y sin otro sistema para generarlos, la cámara estaba abocada a la ruina.

-¿Había solución tras la supresión de las cuotas?

-Mantener la situación anterior, con toda la estructura, no era posible. Pero se podrían haber ajustado los costes y trabajado para generar ingresos, porque ninguna empresa se mantiene sin ingresos. Aun así, han estado viviendo hasta ahora de todos los proyectos concertados durante el 2009 y el 2010.

-¿Qué pasa en otras cámaras?

-Unas están en mala situación y para otras es dramática. Ninguna tiene bonanza, pero todas han tomado la decisión de salir al mercado y buscar actividad. No se puede hacer en un año o dos, pero algo hay que hacer. Y sobre todo ajustar los ingresos a los gastos. Y la Cámara de Lugo no ha ajustado ningún gasto.

- ¿Cómo gestionó la situación el último presidente, Torrón?

-Me encanta el refranero castellano: como el perro del hortelano. (No come ni deja comer).

-Si le llamasen hoy como consultor externo para arreglar la situación, ¿qué haría?

-Hoy no creo que haya ninguna solución que no pase por prescindir de todo el personal. Tiene que haber un secretario hasta que no haya una nueva ley, que parece que va a garantizar ciertos servicios, pero no estará en vigor hasta bien entrado 2014. Por tanto, quizá en este tiempo, mientras tanto, habría que ir a contratación externa de servicios. Porque es imposible pagar si no hay ingresos. Y no se puede tener a la gente en las oficinas sin trabajar y sin pagarles. El anterior presidente debería haber tomado medidas, porque si como él decía, no sabemos los servicios que van a dar las cámaras, lo lógico hubiese sido despedirlos en ese momento, indemnizarlos, y volverlos a contratar si hacía falta. A la gente no se la puede tratar así. Es una falta de respeto.

-Pasarán una mala situación personal los trabajadores.

-Creo que ya hay demandas en el juzgado. Es una trampa brutal: tienen que ir al centro de trabajo, pero saben que no van a cobrar. Y esa situación se ha buscado con la inactividad durante dos años. Con el famoso decreto 13/2010 (entre otras medidas, desaparecieron las cuotas obligatorias que pagaban las empresas a las cámaras) ya se sabía que iba a pasar esto, pero no se tomaron medias.

-¿Por qué después de la muerte de Mosteirín se entró en aquella espiral de enfrentamientos?

-Porque creo que el pegamento de la Cámara era Alfredo, que era una gran persona y no era discutido. El problema fue que llevaba tiempo arrastrando su enfermedad, y sin decir nada, quiso hacer de componedor para ir metiendo a los dos bandos, porque creía que él los podía controlar. Pero al desaparecer su figura, se desataron las ambiciones, o lo que fuera, y cada uno iba por su lado. Al nuevo presidente, (Torrón) no le iban a los comités. El presidente quería una cosa y el resto, otra... Si no conseguía quorum debería haber tomado medias. Creo que ha habido una falta de responsabilidad del comité y del pleno, porque los que entraron asumieron una responsabilidad, con los empresarios, con la institución y con la administración.

-Durante aquella tormenta de acusaciones tras la desaparición de Mosteirín, también se dijo que en la Cámara se habían cometido irregularidades.

- Desde que yo me fui no lo sé. Mientras yo estuve, funcionó conforme a la ley. Además, el comité y el pleno lo han aprobado todo. Mientras estuvimos yo y el presidente era Mosteirín, todos los años las cuentas se aprobaban por el comité, por el pleno, se auditaban, se mandaban a la Dirección General de Comercio, que las aprobó todas, y luego al Tribunal de Cuentas. Faltan las de los dos últimos años, que yo no he estado. Extremo que conoce perfectamente la Dirección General de Comercio, como ha reconocido expresamente en una resolución.

-¿Aún hay denuncias penales en el juzgado?

-Sí, hay varios procedimientos penales. Tenemos denuncias cruzadas. Fue el anterior presidente (Núñez Torrón) el que ha querido llevarlo al campo penal, y allí nos veremos.

-Tras su salida de la Cámara, ¿le reprocharon por ejemplo que cobraba casi 200.000 euros año?

-Es una falsedad más. (Va a una carpeta y muestra un lote con las nóminas de los últimos meses: 6.000 euros a percibir). Las nóminas demuestran 87.000 euros anuales, como director, pero yo generaba un millón y medio al año, y desde que no estoy, genera es cero. Luego, como asesor jurídico de la Cámara -otro trabajo y responsabilidad a mayores- cobrara unos 30.000 euros al año. Esto es todo. Casi la mitad de lo que dijeron. Pero por otra parte, el último año liquidado, el 2009, lo cerramos con un beneficio de casi 600.000 euros. Los presupuestos de ingresos de la Cámara venían rondando los 3,5 millones. En el 2010, en plena crisis, teníamos previsto beneficios, aunque el proyecto de Rozas nos hizo entrar en pérdidas. Y de los ingresos totales de la cámara, aproximadamente 1,5 millones se gestionaban como servicios y proyectos, es decir, la mitad, pero en el último año en que yo no estaba cayeron a cero.

-¿Aquellas acusaciones personales le han afectado?

-A ningún profesional le gusta que le toquen el honor. Ahora bien, como lo que han hecho ha sido falsear el expediente y dar datos falsos, la verdad caerá como fruta madura. Es más fácil ofender que lavar la ofensa pero dispongo de documentación e informes de auditoría que se verán en el juzgado.

-¿Si consigue en el juzgado que le indemnicen por su despido algún día, quizá para entonces la cámara ya no tenga fondos?

-Puede ser, pero los directivos tendrán que responder, porque un artículo de la ley de Cámaras dice que los directivos responderán personalmente de aquello en que haya habido culpa o dolo.

-La posible desaparición de las cámaras, ¿va a perjudicar en algo a las empresas?

-No van a desaparecer; habrá que cambiarlas. Hacen una labor imprescindible en comercio exterior, y pueden hacer una buena labor en formación y en emprendimiento. Si se sabe encarrilar y se las dota de una financiación adecuada, el empresariado se puede servir de ellas. A las cámaras cotizaban especialmente las empresas grandes y no las pequeñas, y la mayoría de los servicios los aprovechaban las pequeñas, por lo tanto era una forma de redistribución. Hasta que se plantaron las grandes como las telefónicas, la banca, o las eléctricas -en aquel famoso encuentro que el ingenio popular bautizó como el de Alí Babá y los 40 ladrones- en el que Zapatero se plegó, a pesar de ser un presidente socialista.

Alberto fernández piñeiro abogado y ex director general de la cámara de comercio de lugo

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