La vida después


Cuando se tiene la suerte de llevar el nombre de tu ciudad lejos de ella, uno se siente orgulloso. A mí me ha ocurrido, y nada menos que en el mundo que más quiero y mimo, el de los libros. Afortunadamente Lugo tiene muchos y grandes embajadores, y Marta, siempre lucense y siempre tan nuestra, es buena prueba de la calidad de la embajada. Conocí a Marta Rivera de la Cruz hace un lustro en una gala del Premio Planeta, en la que yo aparecía con mi primera novela sin aviso y por sorpresa, incluida la mía, y ella se convirtió en protagonista y estrella de la noche. Sigo pensando que mereció ganar aquel premio.

Lugo pide fiesta a gritos, el aire huele a caldero y a pulpo, y una criatura está a punto de ver la luz. Qué mejor día que el de San Froilán para que las comadronas asistan al parto y la esperada «niña» abra los ojos. Esta vez parto programado, y le faltó tiempo a la madre para escoger el día de alumbramiento. Su nueva novela: La vida después.

Alguien bautizó a Marta como la novelista de la vida menuda, quizá por esa óptica tan suya y tan especial, la retina femenina reflejada en sus tramas y en el espejo de sus libros. Después de pasar la última hoja de su anterior novela le dije: «te has puesto el listón muy alto», pero no era la primera vez que le decía lo mismo y siempre se supera a sí misma. En unos días, Victoria y Jan, Marga y Solange, se instalarán en nuestras mesillas de noche, y lo harán para quedarse. Suerte Marta Rivera de la Cruz, inventora de sueños, soñadora de historias.

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