Ignacio Vilar evoca en «Vilamor» las revueltas de los comuneros

El filme narra el romance de un seminarista y una okupa


En mitad de la naturaleza, donde ya no quedan habitantes y muy lejos de cualquier resto de civilización, un equipo de más de 60 personas rueda estos días Vilamor, un nombre ficticio para una aldea llena de historia. Su director, Ignacio Vilar, va ya por su cuarta película (después de otras como Pradolongo); sin embargo, reconoce que en esta el tema está más pegado a la actualidad que nunca: las revueltas de los comuneros contra una sociedad a la que ven estancada.

El filme trata del romance entre un seminarista que pasa una temporada en las tierras de Negueira de Muñiz (Lugo) y una okupa más cercana a la mujer actual que a la de los setenta. El hombre, conocido como Breixo y encarnado por Rubén Riós, busca la tranquilidad y conocerse a sí mismo, pero no espera encontrar en la aldea de Vilamor (actual Vilar) a Sonia, caracterizada por Sabela Arán. Ambos revisarán sus sentimientos para luego compartirlos.

Pero el amor, en este caso, se queda en la película. Para poder rodar esta historia los actores viven estos días entre picaduras de mosquitos, tierra y los herederos de aquellos asentamientos hippies, los actuales habitantes de Vilar. Ellos son los encargados de guardarles el material de noche, cuando el equipo recoge los bártulos y se va a dormir a A Fonsagrada, a 45 minutos de la aldea.

Lo apartado del lugar dificulta el rodaje de cada toma. Pertiguista, cámara y ayudantes de sonido tienen que hacer malabares para esquivar arbustos, ortigas y piedras en pendientes con pocos puntos de apoyo. Todo para grabar 25.000 metros de cinta. Ignacio Vilar espera que, en noviembre, Vilamor llegue a los cines.

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