La ley que acabó con los caballos

La Rapa das Bestas de Vimianzo podría desaparecer después de que el dueño de 62 équidos los vendiese al no poder cumplir la normativa para su cuidado


cee/la voz.

Ya no hay caballos en el Monte Faro de Vimianzo. El lugar -en el que cada año se celebraba una popular rapa das bestas- se ha quedado sin animales que llevar al curro. Detrás de su desaparición, explica el presidente de la asociación cabalar Monte Faro, José Luis Blanco, están las bajas causadas por ataques de lobos, pero sobre todo los crecientes requisitos legales que se exigen para el mantenimiento de los caballos. Fueron estos últimos los que pusieron punto y final a los équidos.

Quedaban en el lugar un total de 62 bestias. Todas han sido vendidas en las últimas semanas. No irán a ningún matadero, seguirán viviendo libres en un monte, pero no en la Costa da Morte, sino en Lugo, en una gran superficie vallada a la que ya han sido trasladados. La venta se realizó por un precio casi simbólico. Sus nuevos dueños pagaron 40 euros por ejemplar, explica Blanco. Los propietarios no aguantaron más la presión de las autoridades y decidieron curarse en salud.

Cuenta Blanco que fueron varios factores los que incidieron en la decisión. En primer lugar, se les prohibió mantener a los animales con las patas atadas a un madero. El sistema se empleaba para limitar sus desplazamientos. Sin él, explica, las bestias pueden llegar a desplazarse hasta 20 kilómetros en un solo día, lo que hacía difícil su control.

Chip identificativo

Se les exigía que se vallara el monte en el que pastaban. Estaban dispuestos a hacerlo y aguardaban una subvención que no llegó. Teóricamente, iba a haber ayudas también para poner a cada ejemplar un chip identificativo, algo que ahora es obligatorio. Como en el caso anterior, no las hubo. La gota que colmó el vaso, explica Blanco, fue la prohibición de que los équidos pastaran en zonas que habían sido arrasadas por los incendios. «O ano que vén, en lugar de rapa, traeremos dúas vaquillas para tourear ao estilo do que fan en Salamanca», dice Blanco con ironía para recordar que la entidad que preside invirtió más de 130.000 euros en mejoras en el monte y que ahora todo lo hecho podría no servir para nada.

A los caballos de Monte Faro se les sumaban también los de O Peón, otra superficie forestal cercana. Allí, hasta hace poco, había unas 40 bestias. Hoy, explica, solo quedan 12. Los responsables de la reducción de la población en O Peón son los lobos que hacen -relata- que cada semana desaparezca un animal. «A ver que comen agora», se pregunta Blanco, que lamenta que exista «unha impunidade total» con el depredador mientras que para los équidos todo son trabas y dificultades.

Monte Faro es unas de las asociaciones más importantes de la Costa da Morte en su categoría. Aglutina a un total de 417 afiliados. Ahora seguramente deberán trasladarse a otros lugares para disfrutar de espectáculos como el de la rapa. Este año fueron miles las personas que subieron al monte a ver un espectáculo que seguramente no se volverá a repetir.

Las dificultades para cumplir las normas con los caballos salvajes no son exclusivas de Vimianzo. En otros puntos de la comunidad se han repetido historias similares, como en Caldas de Reis, donde algunos propietarios se deshicieron también de sus animales. Así, las populares rapas podrían ver mermado su número en toda Galicia para esquivar gastos y problemas.

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