«En vez de ir al psiquiatra, hemos hecho esta película»

Gurruchaga protagoniza junto al fallecido Paul Naschy el nuevo filme de Juan Pinzás.


vigo/la voz.

El vigués Juan Pinzás, el único director español reconocido oficialmente en la etapa del movimiento Dogma 95, estrena nueva película tras varios años apartado del decálogo del ya olvidado género nórdico. El cineasta acudió ayer a su ciudad de nacimiento para presentar su nuevo trabajo, un documental experimental titulado Las imágenes perdidas. La otra mirada , en la que, en sus propias palabras, «es una propuesta más allá de lo convencional, un homenaje a Vigo y al cine de autor, de autores como Godard», matizó.

Pinzás situó el nacimiento de este proyecto tras una depresión «que me hizo replantearme muchas cosas». Por eso volvió a su ciudad a reencontrase consigo mismo y con su pasado. El autor recordó los años de su niñez en los que iba a cines ya desaparecidos como el Tamberlick, el Fraga o el Rosalía, a ver películas de Errol Flynn, de Robert Taylor, Marlon Brando o Charlton Heston, o cuando se paseaba por el Náutico imaginando historias de piratas. Vigo es el plató natural de esos recuerdos, pero Javier Gurruchaga, protagonista de la cinta junto al propio Pinzás y al mítico Paul Naschy, actor y director de cine de terror de serie B, ofrece otra lectura sobre el filme y su elenco: «En vez de Errol Flynn y Robert Taylor estamos dos frikis importantes».

El histriónico artista lo ve además como «un homenaje a los fetiches del cine que nos han unido, desde Lon Chaney a Frankenstein o el hombre lobo, es un viaje fascinante y un canto a favor de la vida que queremos compartir con mucha gente.» Y sobre todo, insistió en que en Las imágenes perdidas hay mucho amor al cine. «Si quitas el cine y un par de canciones de los Beatles o de Neil Young, esto es un poquito aburrido», reflexionó sobre la vida.

Estriptís emocional

Gurruchaga aseguró que este trabajo fue para él «como un estriptís emocional en el que Paul y yo nos desnudamos ante la cámara. Ha sido una catarsis personal y un juego en el que hemos disfrutado mucho. En vez de ir al psiquiatra, hemos hecho esta película», dijo.

Paul Naschy, ya muy enfermo, compartió en aquel rodaje los últimos días de su existencia, ya que falleció un mes después de haber finalizado.

En el filme todos se interpretan a sí mismos y las localizaciones se sitúan en exteriores de Madrid como el templo de Debod o el paseo de Rosales, e interiores como la casa del propio Gurruchaga rodeado de sus fetiches. La aparición de Galicia se articula en torno a flashbacks coincidentes con sueños del cineasta, que lo devuelven a los escenarios de su infancia en Vigo, además de otros recuerdos situados en Baiona, Nigrán o Compostela. Pinzás reconoció que había cambiado su mirada sobre Vigo, que había pasado de un inicial tono crítico y ácido a un rendido tributo a su ciudad en la que no faltan secuencias rodadas en O Berbés o incluso en la procesión del Cristo. «Desde que tuve la depresión voy todos los años», admitió.

La película, que se proyectará también en Ferrol y Madrid, abre el próximo sábado la Semana Internacional de Cine de Autor de Lugo, y después se presentará en el Festival de Cine de São Paulo.

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