Un lingüista argentino estudia las tribus de la vieja Kalláikia


Cuando los romanos llegaron al Noroeste peninsular, se encontraron con las 42 tribus calaicas que estudia el profesor Higinio Martins Estévez en su recién publicada obra As tribos calaicas. Proto-Historia da Galiza á luz dos dados lingüísticos . «Gallaecia pouco figurou no sistema territorial romano, só con Caracalla e Diocleciano», señala el autor. El hecho de que persistiese el nombre de la región, no latino, y sus tres conventos territoriales denota que precede a la institucionalización romana, añade Martins.

Piensa este investigador que, si la Galicia vieja o Kalláikia existía antes de la llegada de los romanos, puede suponérsele lo que él denomina un centro aglutinante. ¿Qué lugar sería ese? Martins lo tiene claro y se sorprende de no haber sabido verlo antes: «Segundo Ptolomeo, na terra dos tiburos estaba Nemetóbriga, vila santa ou consagrada». Estamos, pues, en las actuales Terras de Trives, concretamente en Mendoia. «Para Cuevillas estaría ese centro en Mendoia ou Trives vello, nun círculo con radio de dous quilómetros e centro na Pobra de Trives». El autor de tan singular libro asegura que cerca de Montefurado y Trives «os historiadores coinciden en pór o encontro dos límites dos tres conventos: asturicense, lucense e bracarense». Por tanto, añade, Nemetóbriga debió de ser la montaña sagrada o ciudad santa del centro del orden territorial romano de los galaicos. «Debeu de ser antes a cidade santa, eixo do mundo dos calaicos ou ónfalos da Kalláikia». Para Martins Estévez, la palabra kallaiko no fue un nombre tribal autoatribuido, sino un «nome nacional e un adxectivo que cabería traducir por paisano, terrantes, expresión que revela afectividade».

¿Qué cultura hizo la partición en tres de la vieja Kalláikia? Este investigador señala que el arreglo parece venir del sistema de matrimonios por primos cruzados. Antes de la conquista, los tres conventus o asambleas territoriales, en origen llamados oinaikoi calaicos , eran citas de tribus vinculadas entre sí, que se reunían cada año en un punto medio del territorio. Lugo, Astorga y Braga son ciudades bimilenarias nacidas, según señala Martins, «non de castros celtas, máis de campamentos romanos», para vigilar las reuniones que demostraban la identidad del pueblo calaico. El centro de culto de esas tres áreas era, insiste el autor, Nemetóbriga. Y el río Sil pasaría a engrosar la hipótesis de haber sido el río de la unión por reunir las tres partes de la Céltica del Noroeste peninsular. «A Kalláikia existiu, non foi feitura romana. Hai un pasado do que enorgullecérmonos», señala Martins.

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