El 11% de los profesores de la USC se consideran víctimas de acoso laboral

El «mobbing» afecta también al 10% del Personal de Administración y Servicios La envidia y los celos profesionales son los factores que provocan la mayoría de los ataques


santiago

A pesar de los tópicos sobre los funcionarios y sus ventajas laborales, la vida profesional de los profesores universitarios no es precisamente un lecho de rosas. Una encuesta realizada por un equipo de investigadores de la Universidade de Santiago (USC) indica que el 11,6% del Personal Docente e Investigador (PDI) de la institución se consideran víctimas de acoso laboral, al igual que el 10% del Personal de Administración y Servicios (PAS). Esta cifra se sitúa muy por debajo de la registrada en otras universidades gallegas, como la de A Coruña, donde el 23% de los profesores dicen sufrir este tipo de problemas, y aunque menos del 10% de los funcionarios participaron en la encuesta, la situación que refleja el estudio es inquietante.Así lo señala Ángeles López Cabarcos, profesora de la facultad de Administración e Dirección de Empresas de Lugo y una de las coordinadoras del estudio en el que también participaron Paula Vázquez y Eduardo Picón: «La universidad es uno de los entornos laborales más tóxicos, porque no existe la posibilidad del despido, y por lo tanto la única forma de ejercer presión es a través del acoso». Así, aunque la enseñanza superior es una actividad bien remunerada e intelectualmente atractiva, es también un terreno abonado para la competitividad: «En el estudio hemos detectado que uno de los factores que más conflictos genera es la envidia; los profesores compiten por los mismos objetivos, y cuando hay alguien especialmente brillante se convierte en víctima potencial de acoso», explica la profesora López Cabarcos. De hecho, las víctimas suelen ser personas que destacan por sus méritos o por su capacidad, y que, por lo tanto, son vistos como una amenaza por sus compañeros o incluso por sus superiores. También las mujeres se ajustan al perfil de acosadas en mayor medida que los varones, aunque los autores del estudio entienden que no tanto por discriminación sexual como por disponer, en general, de una situación laboral menos estable. Por el contrario, factores como la edad o la pertenencia a organizaciones sindicales no suponen un factor de riesgo añadido. En cuanto a los mecanismos de acoso, varían en función de la víctima elegida, aunque se trata siempre de procesos destructivos premeditados y estudiados al detalle por el agresor. Entre la batería de posibles formas de acoso figuran la asignación de horarios inadecuados, la discriminación de determinados proyectos o actividades de los departamentos, el reparto desigual de la carga de trabajo o incluso el sabotaje. Los efectos sobre la víctima son demoledores. Al margen de las secuelas psicológicas, como la dificultad para conciliar el sueño, la irritabilidad o angustia, se llegan a producir también problemas físicos: dolores de cabeza, musculares o cansancio. Pese a todo, son muy pocas las víctimas que acuden al médico y aún menos las que solicitan la baja por esta causa (21% de los PDI y 28% de los PAS). Y es que, como señala la profesora López Cabarcos, «este tema todavía genera mucha vergüenza».

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