S.V.
LUGO / LA VOZ

Hasta tres carreteras nacionales confluyen en los 500 metros de asfalto sublevado que cruzan el casco urbano de Guntín, a escasos veinte minutos de Lugo capital. La N-540, que conecta la ciudad amurallada con Ourense, la N-640, que llega a Pontevedra, y la N-547, que hace lo suyo con Santiago, se dan cita entre las casas y comercios de la localidad y resisten el tránsito de turismos, furgonetas y camiones prácticamente a diario. Aunque, para mayor precisión, tal vez sean los transportes de motor quienes sufran y toleren realmente las condiciones de la vía, cuyo desgaste la convierte en una pista casi impracticable.

La calzada, que es competencia del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, ha sido reparada hace poco más de dos años, pero, curiosamente, la intervención dejó fuera el tramo que estriba entre los kilómetros 17 y 18, es decir, el perímetro residencial. El saneamiento se produjo justo en el intervalo anterior a la entrada del pueblo, quedando subsanado el pavimento hasta el cruce de la N-540 con la carretera a Friol y San Román, y también en el ramal posterior, a partir de la gasolinera que suministra a los viajantes que se dirigen a Compostela.

«Cando viñeron asfaltar os outros dous tramos, fíxosenos raro que deixasen esta travesía urbana sen alquitranar, non ten moito sentido», reprocha Divina, una vecina del lugar. Pilar, otra habitante de Guntín, confiesa que, cuando vieron llegar las apisonadoras para revestir la vía, «frotamonos as mans, incluso quitamos os coches da beirarrúa para que non molestasen, porque pensamos que ían arranxalo todo». Una ilusión que se vino abajo en cuanto divisaron a los trabajadores marchar y «deixar a estrada igual que estaba».

Lleva años sin acogerse a arreglos y el estado del pavimento deja mucho que desear, sobre todo a la altura del Ayuntamiento, donde se han producido ya varios altercados y el peligro aflige tanto a peatones como a conductores, dada la existencia de un paso de cebra justo enfrente. La zona próxima a la residencia de la tercera edad es otra de las más afectadas.

Ni pizca de gracia

«Ben deitamos de que a xente que vén por aquí sabe o que hai e pasa despacio, senón teríamos moitas desgracias», comenta un hombre de la zona, que dice tener constancia de más de un vehículo cuyas ruedas reventaron a causa del asfalto de la vía. Gente que se desplaza a Lugo por motivos laborales, transportistas o camioneros son los potenciales usuarios del polémico tramo, y todos ellos parecen compartir la misma postura: «Pasar por aquí a diario non lle fai gracia a ninguén, é unha vergonza».

«Non hai día no que non me chame un veciño porque reventou as rodas»

Maria José Gómez, alcaldesa de Guntín
Maria José Gómez, alcaldesa de Guntín

María José Gómez, alcaldesa de Guntín, se posiciona junto a sus vecinos y reconoce que «levamos anos esperando a que se arregle esta travesía». Pese a que dice no ser partidaria de hacer uso de la prensa para atacar a políticos de uno u otro color, empieza a pensar que quizás la solución pase por hacer público el problema, pues aunque ha enviado varios escritos y propuestas a los distintos organismos responsables, no consigue que se la escuche. «Entendo que os recursos son os que son, pero non me parece de recibo ter así unha carretera tan transitada coma esta», expone Gómez, para luego añadir que, cuando llegó al Concello, «xa había un proxecto feito cun orzamento de 250.000 euros, pero non se soubo nada máis diso».

«Non hai día no que non me chame un veciño para dicirme que reventou as rodas do coche», dice la regidora, que consideraba más urgente adecentar el tramo urbano que los dos sobre los que actuaron. Pero los pinchazos no son la única molestia, ya que los altos decibelios de ruido que desprende el paso diario de camiones por los baches guntinos suscita el malestar de buena parte de la comunidad.

Desvíos por la autovía para evitar el tramo urbano

«Coñezo xente con problemas de espalda que para ir a Monterroso prefire coller a autovía que cruzar Guntín», afirma una vecina del pueblo. El desvío al que hace referencia implica, para un conductor que tome esta ruta todos los días, siete kilómetros más por trayecto y casi diez minutos de diferencia. Aún así, hay quien prefiere gastar en carburante y ahorrarse un posible desembolso en sesiones de fisioterapia.

Aunque el ramal de la A-54 que une Lugo y Palas de Rei ha absorbido buena parte del tráfico que se mueve entre la provincia lucense y Santiago, los turismos que transitan hacia Ourense o Pontevedra y quieren huir de los discutibles precios de los peajes no tienen otra opción que no sea hacer frente al pavimento de Guntín. «A xente que pasa por aquí non entende que toda a estrada estea máis ou menos asfaltada de forma decente e este tramo siga así», sostiene el gerente de la gasolinera de la localidad, donde paran a repostar, y también a quejarse, decenas de vehículos cada día.

La otra cara de la moneda

Según apuntan los vecinos, sigue habiendo camioneros y transportistas que adoptan este itinerario para hacer sus viajes de trabajo. Y no porque les apasione, sino porque el plan b para ellos es aún peor. «Hai un tramo de autovía que para subir cun tráiler cheo de carga é máis duro aínda ca este», dice Ovidio, un habitante del concello, a lo que otra vecina añade: «Os que conducen un transporte pesado e coñecen a zona, suelen vir por aquí, porque aínda que pareza que non, a diferencia de altitude é grande». Al parecer, la fuerte actividad industrial y la abundancia de polígonos en la zona da lugar al acopio de camiones, sobre todo a primera hora de la mañana.

Peligra el comercio local

El hecho de que cada vez más coches se bifurquen para esquivar la carretera, sumado a la falta de soluciones, pone en la cuerda floja el futuro del comercio local.

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