Pida obras... y luego ármese de paciencia

Trabajos que afectan a autovías y a las principales carreteras arrastran retrasos desde hace varios años

X.R.P. X.m.p.
LUGO / LA VOZ

La crisis económica ha afectado a las inversiones en infraestructuras públicas igual que se ha notado en otras áreas en las que las inversiones dependen de las capacidades de las administraciones. No obstante, al freno que han sufrido las obras por el adelgazamiento de las partidas presupuestarias hay que sumarle también otro factor.

En la provincia, desde hace ya años, algunas obras no terminan de encauzarse, ni siquiera en una fase inicial que solo incluría documentos técnicos pese a tratarse de proyectos de indudable necesidad y de indudables consecuencias.

La A-56, casi una quimera

Mientras parece que el Gobierno va retomando las obras de la A-54 (Lugo-Santiago,) siguen pendientes varias infraestructuras necesarias para el desarrollo de Lugo y de la provincia. Una de ellas es la A-56 (Lugo-Ourense), cuyos proyectos están abandonados salvo las eternas obras en la circunvalación de A Barrela (Carballedo), que este año tienen asignados 10 millones de euros. Del trazado de Guntín hacia Taboada y Carballedo no hay noticias. Ni siquiera se llegó a consignar presupuesto para próximos ejercicios. Esta carretera es fundamental para unir Lugo con el sur de Galicia y el norte de Portugal, además de acercar la capital lucense a la estación que será clave dentro del AVE en Galicia, la de Ourense.

Mientras no se construye la A-56, el Gobierno presupuestó este año 2,25 millones, y otros 11 hasta el 2019, para construir un intercambiador que unirá la A-54 con la carretera N-540 y de esta manera evitar a los conductores que circulen por las curvas peligrosas y lentas del municipio de Guntín.

Sin fondos para la N-VI

En los presupuestos del Estado no se consignaron partidas necesarias y urgentes para la mejora de la seguridad vial en la N-VI a su paso por Lugo, que usa a diario una media de 25.000 vehículos. Por una parte, se solicitó por parte de grupos políticos y de la federación vecinal el desdoblamiento de la carretera desde A Tolda hasta el alto de Garabolos, así como la creación de vías de servicio, como sí se hizo con la actual LU-11, que parte de Nadela y atraviesa Conturiz.

También se sigue esperando la prometida rotonda de la N-VI en la intersección con Afonso X O Sabio, uno de los cruces más peligrosos de la ciudad, y la conexión de la Volta da Viña con el puente blanco, que hoy finaliza en un muro de piedra. Además, se solicita la construcción de una pasarela para superar la N-VI y poder acceder al Anxo Carro y al Pazo de Feiras.

Otra demanda vecinal a Fomento es el desdoblamiento e iluminación de la Ronda Norte, como sí hizo la Xunta con la Ronda Leste. Por la Ronda Norte circulan a diario unos 12.000 vehículos, cifra que irá en aumento con el crecimiento del parque empresarial de As Gándaras y por ser una carretera de paso hacia el HULA.

Además de esta mejora, sería necesario acabar esta circunvalación de la ciudad, desde la N-VI en A Tolda hasta el alto de Garabolos. Falta que el Gobierno dé pasos para continuar esta ronda desde la carretera de A Fonsagrada hasta a A Tolda, lo que además de aliviar el tráfico del Paseo del Rato distribuiría el tránsito de la zona sur de la ciudad.

Solo promesas para el corredor

En el año 2004 Alberto Núñez Feijoo, entonces conselleiro de Política Territorial, colocaba la primera piedra del corredor entre Sarria y Lugo, y ya en ese momento se anunciaba que iba a ser convertido en autovía. La vía de alta capacidad era inaugurada en el 2008 por el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, cuya administración mantenía la promesa de transformarlo en autovía. Para ello anunciaban que ya se habían realizado las expropiaciones de terreno para construir la caja por la que transcurrirían los otros dos carriles necesarios para unir Nadela con Sarria por autovía.

La promesa de los políticos cumple, por tanto, más de 13 años en los que realmente no se ha avanzado nada. En todo este tiempo lo único que los vecinos han escuchado por parte de las administraciones han sido promesas renovadas cada vez que el máximo responsable autonómico relacionado con las infraestrucuras, Agustín Hernández y María Xosé Caride principalmente, visitaban la zona con motivo de alguna inauguración y se les preguntaba sobre el futuro desdoblamiento.

La vía de alta capacidad fue diseñada como una autovía; por eso carece de lugares para adelantar en la mayoría de los tramos, por lo que el desdoblamiento supondría una inversión mucho menor que si el proyecto no hubiera sido ya pensado para su transformación en autovía.

La última noticia sobre esta vía es que la Consellería de Infraestructuras licitó, como se publicó en el Diario Oficial de Galicia (DOG) a principios del presente año, el contrato para la redacción del proyecto constructivo del desdoblamiento del corredor entre los enlaces de Sarria y Pobra de San Xiao. El presupuesto de licitación alcanza un importe de 243.255 euros y tiene un plazo de ejecución de 12 meses. La longitud del tramo es de 11,5 kilómetros; se prevé emplear cuatro millones en el 2018, seis en el 2019 y seis en el 2020 para acabar el proyecto.

La A-8 no llega a Lavacolla

Desde que, en febrero del 2014, entraron en servicio los dos tramos que le faltaban a la A-8 para estar lista en la provincia, el de Mondoñedo a Lindín y el de Lindín a Carreira (Abadín), la transcantábrica ha dejado de ser noticia por el retraso de los trabajos para pasar a serlo por los problemas de niebla en el entorno de O Fiouco (A Pastoriza), en donde la transcantábrica roza los 700 metros de altitud, la mayor cota de todo su trazado.

Un accidente en cadena ocurrido en julio del 2014, con decenas de coches implicados y una persona fallecida en un día de densa niebla, hizo saltar las alarmas y plantear la necesidad de más seguridad vial en una zona abierta al tráfico solo cinco meses antes. La señalización es más abundante, y hasta se ha colocado un radar de tramo, en sentido Asturias, entre A Xesta (Abadín) y O Fiouco; de todos modos, las medidas técnicas para combatir los efectos de la niebla dependen de un convenio que deben firmar el Ministerio de Fomento y el de Economía y que aún está pendiente.

Pero cuando se abrieron al trafico esos dos tramos de la A-8, hacía ya casi cuatro años que la prolongación de la autovía a Lavacolla (Santiago) había sido considerada «de sentido común». Así la definió en marzo del 2010, en una visita a Guitiriz, Antón Louro, entonces delegado del Gobierno en Galicia. Esa prolongación de la A-8 se recogía en una proposición aprobada unos días antes en el Congreso, y Louro anunció el próximo inicio de estudios preliminares sobre el trazado o sobre el impacto ambiental, cuestiones que hoy, siete años después, no han conocido avance alguno.

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