La gran feria del arte de Guitiriz

Los conciertos y las ferias de artesanía y de instrumentos atraen a miles de personas


GUItIRIZ / LA VOZ

La Terra Chá es conocida, entre otros detalles, por sus romerías. La de Os Milagres, en Saavedra (Begonte), o la de San Alberte, en Sambreixo (Guitiriz), son ejemplos de celebraciones que se mantienen: cambian los tiempos, varían las circunstancias y los asistentes, pero la necesidad de acudir sigue presente. También es justamente famosa la comarca por sus ferias, sean las tradicionales (Vilalba o Parga), las inspiradas en un producto (la del capón en la capital chairega, por ejemplo) o las dedicadas al sector primario en general (Moexmu en Muimenta).

Grandes dosis de devoción muestran los que acuden, desde hace casi 40 años, al Festival de Pardiñas, cita que tiene lugar en Guitiriz y que bien merece la consideración de gran feria del arte, con un poder de convocatoria que ampliamente desborda los límites chairegos. Los conciertos son la parte más conocida del programa, pero las ferias dedicadas a los instrumentos y a la artesanía son sendas citas de reconocido prestigio.

La historia del festival va pareja a la de la Asociación Cultural Xermolos, que lo organiza desde el inicio. El colectivo se creó poco antes, y la idea cuajó desde el primer momento. Saraibas, Xoán Rubia, María Manuela y el grupo ferrolano Agarimo actuaron en 1980. Un repaso a los nombres de las ediciones siguientes -de Milladoiro a Llan de Cubel, de Fuxan os Ventos a Fanfarria Taquikardia, de Kepa Junquera a Mercedes Peón- demuestra lo variado que puede ser y es el concepto de música folk.

Miles de personas acuden cada año a Pardiñas el primer fin de semana de agosto. Los que asisten son a veces hijos de participantes de hace años, aunque hay también algún matiz diferente más allá de los años. Alfonso Blanco coordinador de Xermolos, explica así ese cambio de perfil: «Comezou sendo de festivaleiras e festivaleiros, pero hoxe noto que polo xeral a xente vén a Pardiñas a descubrir o que é o noso, o país».

Espectadores que no necesitaban descubrir Galicia sino que la explicaron o ayudaron a otros a descubrirla tampoco faltaron ni faltan: Xosé María Díaz Castro, Manuel María o Avelino Pousa Antelo cumplieron fielmente con la costumbre de acudir al festival, cuyo frondosa entorno lo convierte en lugar de encuentro obligado. El escenario se convierte así, dice Blanco, en un «templo de natureza».

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