Alegrías y penas en la conservación del patrimonio de Guitiriz

Edificios muy conocidos tienen buen aspecto tras obras de hace años, mientras otros necesitan cuidados urgentes

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VILALBA / LA VOZ

Con 18 parroquias en un término municipal que se extiende por casi 300 kilómetros cuadrados, en la conservación del patrimonio religioso de Guitiriz hay tantos contrastes como diferencias se pueden observar de unas zonas a otras. Hay, pues, edificios bien conservados, en los que los que los trabajos de mejora realizados hace años todavía se notan, en tanto que otros se encuentran necesitados de actuaciones urgentes para que sus elementos de valor artístico no se deterioren más.

En el primer grupo se sitúan la capilla de Bascuas y la iglesia de San Alberte. La capilla, situada en la parroquia de San Salvador de Parga y ampliada en el siglo XVIII tras haberse levantado en la Edad Media, fue objeto de una amplia restauración hace años. Se renovó la cubierta y se reconstruyó uno de los muros, entre otras actuaciones: un obradoiro concedido por la Xunta, con sendos módulos de albañilería y de cantería, realizó los trabajos, en los que también intervinieron artesanos de la zona y para cuya financiación llegó a aportar fondos el párroco, Alfonso Blanco.

La iglesia de San Alberte, próxima al puente de igual nombre y junto al Camino Norte, también recibió mejoras hace años. En este caso, se instaló luz eléctrica en el interior y se reparó la cubierta. El edificio, cuyos contrafuertes le dan un aspecto singular, tiene origen medieval, aunque cuenta también con elementos del siglo XVIII.

Menos suerte tiene por ahora la iglesia de Os Vilares, en la que las pinturas murales, datadas en el siglo XVI, sufren un deterioro al que no se le ha puesto freno todavía. Una asociación, Lareira de soños, ha advertido en más de una ocasión del problema que la humedad de los sucesivos inviernos causa en los frescos; el colectivo ya se dirigió a la Diputación y a la Xunta en demanda de soluciones y tramitó ante el Obispado de Mondoñedo-Ferrol los permisos necesarios.

La iglesia de otra parroquia vecina, Labrada, recibió unas obras contra las humedades, causadas por filtraciones de la cubierta y del suelo, que reiteradamente había solicitado el párroco, Luis Rodríguez Patiño. Sin embargo, el cura sostiene que también es necesario actuar en los muros interiores, que albergan también pinturas de interés.

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