Abuelos, padres, niños, bebés... todos en familia y de festival en festival

La familia Roca Calvo, residente en Guitiriz, ha hecho de estas citas musicales su plan de ocio estival


Llega el verano y en casa de Maica y Miguel no existen vacaciones. Nada de hacer maletas y coger un avión destino a la playa. Tampoco arrancar con el coche e ir a un pueblo de montaña a desconectar unos días. Toca cargar los vehículos con enseres y vestir la indumentaria oportuna. Camiseta apropiada, chándal o leggins y unas zapatillas deportivas. Imprescindible ir muy cómodos para bailar a destajo y estar a pie de campo durante todo el día. También llevar alimentos suficientes para reponer fuerzas. Y es que la familia Roca Calvo se va al completo de festival. Lo que empezó siendo la tónica predominante de dos amigas en verano -Maica y Pili- acabó siendo la opción idónea para todo un grupo en época estival.

El matrimonio, residente en el municipio lucense de Guitiriz, no se va solo. Lo acompaña toda la familia. Desde los abuelos, hijos y hermanos hasta los amigos. En total, unos quince. Este año contaron además con la presencia de Eric, el bebé del grupo que tiene tan solo unos meses de vida. «Hace doce años que llevamos haciendo esto y nos encanta. Nos llevamos todos genial y es una forma de disfrutar en familia», explica Maica, que tiene 42 años y es la organizadora.

Su marido es autónomo y no puede permitirse el lujo de cerrar el negocio para irse una semana de vacaciones. Dada la situación, Maica buscó otra alternativa para desconectar y disfrutar todos juntos en época veraniega. Y vio aquí la solución perfecta. «Yo soy de A Coruña y mi marido es de Aranga. Cuando me vine a vivir a Guitiriz, mi amiga Pili y yo íbamos de festivales por varios lugares. Ahora vuelvo a retomar esto con mi familia».

Ortigueira y Pardiñas

A principios de año, con el calendario en mano, Maica revisa en qué día caen estas celebraciones. Marca aquellas a las que tiene previsto asistir. Las que coinciden en domingo son perfectas porque todos disponen de día libre, las que se celebran entre semana, no tanto. Pero si hay dos que no se pierden y son sagradas, esas son las de Ortigueira y Pardiñas (Guitiriz). «Por lo general, vamos una semana antes para coger sitio en la zona. Marcamos la parcela y ese día arrancamos muy temprano. En el caso de Guitiriz, nos queda al lado de casa y por eso vamos más tarde», anota Maica.

En cuanto a la distribución, trabajo y reparto de tareas, todo está controlado. Son muchos y son conscientes de que la coordinación es clave. En cuanto a la comida, se la reparten. Empanadas, lacón asado o tortilla no faltan nunca en la mesa. Pero si algo no falla, esas son las croquetas de carne que elabora Mari Carmen, la abuela de la casa. «Las hace el día anterior y están deliciosas», confirma su hija.

Si hay amenaza de lluvia, unos se encargan de ir días antes e instalar un toldo y una lona en el suelo. Otra parte tiene como misión colocar las sillas y mesas para disfrutar de los menús cómodamente... Maica, por ejemplo, es la encargada de llevar el hornillo. «Si vamos muy temprano y tengo tiempo, preparo platos elaborados. Alguna vez cociné paella y pinchos morunos en el propio lugar. Si vamos con el tiempo justo, lo empleo para calentar algún plato rápido y el café», cuenta.

Según explica la madre de esta original familia, el propio día del festival lo utilizan para disfrutarlo al máximo. Desde primera hora de la mañana y hasta la noche. «Intentamos llegar temprano, situamos los coches y las cosas en la parcela, descansamos un poco, damos una vuelta (siempre queda alguien en el lugar para vigilar las cosas) y nos ponemos con la comida. Una vez que reponemos fuerzas, descansamos, y de sobremesa y por la tarde siempre tomamos un licor», relata Maica.

Los hombres de la casa son partidarios de ir a la sidrería y pasar allí una buena parte de la tarde. Los niños corretean por la zona y las mujeres charlan y dan un paseo. «Estos son festivales tranquilos. Aunque asiste gente muy variopinta y de diferentes estilos, no se meten con nadie», asegura Maica, que, mientras pueda, seguirá pasando los veranos así con su familia, de festival en festival.

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