De confeccionar trajes de Miss Venezuela a ropa por encargo para los nietos en Cospeito

Hija de un gallego emigrado, la modista venezolana María de los Ángeles Carro abrió su taller hace tres meses en la tierra de su padre

María de los Ángeles en el taller en el que trabaja en Xermar, Cospeito
María de los Ángeles en el taller en el que trabaja en Xermar, Cospeito

LUGO / LA VOZ

La historia de la dedicación de María de los Ángeles Carro es una de esas que empiezan desde muy pequeñita, de las que se puede resumir con que nació con una aguja bajo el brazo. La trayectoria de esta modista venezolana dio muchos giros, pero hace tres meses que su taller se asentó en Xermar, en Cospeito, algo que estaba destinado a pasar de un momento a otro. Hija de un gallego emigrado a Venezuela, a sus 61 años volvió a la tierra natal de su padre buscando tranquilidad.

La costura empezó para ella como una materia obligatoria del colegio de monjas, desde los seis años. «Tejido a ganchillo, bordado... salíamos completitas», bromea María, aunque afirma que esa base le ayudó mucho a continuar aprendiendo. A la vez que siguió trabajando el tradicional oficio, también perteneció a la generación de mujeres de su país que comenzaron a ir a la universidad. «En aquel momento la mayoría de las chicas se dedicaban a sus hijos, pero las aulas poco a poco se estaban llenando en femenino», cuenta. María estudió Filosofía y Letras en la universidad pública aunque su verdadera vocación era Derecho. «Era lo que todos queríamos estudiar. Cuando por fin pude entrar ya llevaba varios años cursando filosofía y no quería pasar tanto tiempo en la universidad», explica. Con su formación en letras trabajó en banca, «la mayoría de mis compañeros fueron siempre varones», destaca.

Posteriormente, se introdujo en el mundo de la moda y la confección, concretamente en los populares concursos de belleza. María trabajó en los talleres que hacían la ropa para Miss Venezuela. «No te imaginas lo que era eso», exalta. Esta modista confeccionó vestidos espectaculares a un ritmo de trabajo muy intenso: «te podías echar tres días cosiendo sin dormir». María producía las piezas que dictaba un diseñador y era la encargada de la parte de bordados, por lo que aportaba una de las partes más trabajadas. El cuidado, el tiempo y la precisión que requieren, por ejemplo, los bordados es a lo decidió dedicarse. Hace más de 30 años que María realiza ropa artesanal; cambió los trajes de miss por vestidos de novia y ropa infantil. Fue cuando se mudó a España, a las islas Canarias.

Trajes nupciales de fantasía

Lo que más le gusta elaborar a María son vestidos y trajes de boda, pero no los convencionales. «Me encanta confeccionar para bodas temáticas, por ejemplo medievales, o de fantasía, como un traje de Assassin’s Creed», cuenta. Además, le complace dedicarse a este ámbito porque acuden a ella muchas chicas que no encuentran sus tallas en tiendas convencionales. «Conmigo las opciones son más amplias ya que los realizo a medida». Pero desde que empezó la pandemia, ya no puede explotar este campo. Aunque cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. En el confinamiento, con todos los comercios cerrados, muchísimas mujeres que acababan de ser madres recurrieron a ella. «A todas nos gusta ver a nuestros hijos bien preparados cuando llegan al mundo, así que no me llegaban las manos para tejer en aquellos meses», cuenta.

María ahora se dedica mayoritariamente a confeccionar ropa de bebé
María ahora se dedica mayoritariamente a confeccionar ropa de bebé

La gran mayoría de lo que ahora confecciona María es para bebés, el otro tipo de ropa que más le apasiona hacer. A pesar de que hace apenas tres meses que aterrizó en Lugo con su hija y sus nietos, esta modista ya está recibiendo numerosos pedidos y resolviendo los que tenía pendientes de Canarias. Los clientes son tanto de Cospeito como de Lugo. «Aunque por esta zona no haya muchos niños pequeños, tengo a muchas abuelas haciéndome pedidos para sus nietos». Por la época del año, lo que más confecciona últimamente son gorros, jerséis o «ranitas». Este último es todo un éxito, se trata de un pequeño peto que personaliza para cada niño. María nota un incremento del interés por lo artesanal: «la ropa de máquina de la mejor marca nunca tendrá comparación con lo tejido a mano». Por Facebook, Instagram y, sobre todo, por el boca a boca, esta modista internacional ya se ha hecho un hueco en un entorno del que se enamoró.

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