Adiós a una granja chairega pionera en la producción de leche ecológica

José Pereda, de Cospeito, inició el sistema hace veinte años, cuando apenas había granjas en ese régimen

José Pereda, en su explotación, situada en A Veiga do Pumar (Cospeito)
José Pereda, en su explotación, situada en A Veiga do Pumar (Cospeito)

VILALBa / LA VOZ

Una explotación de ganadería ecológica no es hoy una novedad. Hace 20 años, sin embargo, era casi una curiosidad, algo que recuerda bien José Pereda. Su granja, situada en A Veiga do Pumar (Cospeito), fue unas de las que con el cambio de siglo afrontó un cambio en el sistema de producción. Ahora, por el contrario, el final de la explotación parece cercano: el dueño la tiene en venta, aunque también está dispuesto a continuar con la actividad, cambiando las vacas de leche por otras de carne, si no aparece comprador.

Los comienzos tuvieron algunas dificultades. «Non había a quen preguntar nin con quen asesorarse», recuerda. Sus primeras nociones fueron aprendidas en un curso celebrado en Vilalba. Otros se animaron también. Pereda explica que en los primeros tiempos ni siquiera había fábricas de pienso ecológico, y a esos contratiempos se le añadía el escepticismo en otros que también se dedicaban a la ganadería: no solo dudaban de la viabilidad de la iniciativa sino también de que a la explotación se acercase un vehículo para recoger la leche.

El tiempo pasado ha supuesto un notable cambio, y Pereda reconoce que el sistema de producción ecológico está plenamente asentado. Las reses por explotación son menos -él no pasó de 30-, pero también es mayor el precio de la leche: en este tipo de granjas, por el litro suele pagarse, aproximadamente, entre 0,45 y 0,50 céntimos el litro.

Este ganadero reconoce que una de las ventajas de los primeros tiempos estuvo en tener asegurada la recogida de leche, antes incluso de haber comenzado a producir en modo ecológico. «Se fose un problema poder poñela no mercado, resultaría difícil. Durante o tempo de reconversión, que son dous anos, a fábrica xa nos pagaba un pouco máis», asegura.

De todos modos, ha habido momentos en los que los ganaderos de producción convencional se veían favorecidos por subidas del precio de la leche, que podían aprovechar con decisiones sencillas: comprando más vacas disponían a corto plazo de una mayor materia prima. Esa situación está vedada a los ganaderos de producción ecológica, que deben respetar el criterio de un máximo de dos vacas por cada hectárea de terreno. A cambio, Pereda puede explicar que sus prados llevan 20 años sin recibir ningún producto químico.

Mientras se mueve en un cierto compás de espera sobre el futuro, comenta detalles reveladores de los cambios de estos 20 años. Recuerda que al principio sus padres, que pusieron en marcha la explotación, veían con cierta extrañeza el paso que acababa de dar; ahora, comenta, su madre identifica perfectamente los productos ecológicos a la hora de hacer la compra.

Su balance parece favorable. «Hai vinte anos, a produción ecolóxica era a novidade: non tiñas a quen preguntar, nin había unha conciencia na xente. Pero paga a pena», sostiene. Una prueba evidente de los cambios no está, según Pereda, en las impresiones personales sino en las directrices oficiales: en la Política Agraria Común (PAC), agrega, ya hay un apartado específico para la producción ecológica.

Un sistema de futuro ya asentado en el presente

Pereda considera, veinte años después del cambio de modelo de producción, que lo ecológico es bastante más que una moda. «É o futuro, pero o presente tamén», afirma. Asegura que cada vez se van introduciendo más restricciones a los modos de trabajo habituales hace décadas, lo que supone, en su opinión, un cambio en la mentalidad de las autoridades. «O futuro vai por aí», opina. Y subraya que un terreno sin recibir productos químicos ni purín acaba también mejorando. 

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