La montaña lucense, abandonada a su suerte

La crisis demográfica, los incendios, las consecuencias de las nevadas y los recortes lastran su desarrollo


lugo / la voz

«E cando eu e os poucos veciños que estamos aquí morramos, quen vai a coidar de todo isto?», reflexionaba un vecino de Piornedo tras los incendios que modificaron el paisaje del pulmón de Galicia, la Reserva da Biosfera dos Ancares Lucenses. Un año después, una gran nevada fuera de temporada convirtió en un caos la montaña luguesa, con carreteras y pistas bloqueadas por las ramas, y centenares de vecinos sin luz durante cuatro días.

«Pasamos en poucas horas dunha temperatura de primavera, fornecendo a savia e con follas verdes e froitos por caer, a un inverno intenso, co que de novo temos un escenario de caos, un exemplo máis de que as consecuencias das políticas de abandono do sector agrario dos anos 80 e 90 xa as estamos a notar agora», explica el ingeniero de Montes Raúl García.

En 1980, en Vilar de Cancelada (Becerreá) -donde esta semana estuvieron más de 40 horas sin luz- vivían 90 vecinos, hoy son doce. En las 16 aldeas de la parroquia de Donís (Cervantes), en los años 50 vivían alrededor de mil personas, hoy apenas superan el centenar. En A Fonsagrada, uno de los municipios más extensos de España, hace solo una década vivían mil vecinos más que en la actualidad. A inicios del siglo XX llegaron a tener 20.000 habitantes, más que el municipio de Ourense.

Este desastre demográfico continuo no tiene visos de que se detenga. «El abandono de la actividad agraria -y que en los pueblos apenas quede gente joven que pueda realizar la limpieza de las fincas- implica que el monte invade los propios núcleos. En la provincia, la población mayor de 85 años es la misma que menores de 10 años. Y si hablamos de mayores de 65 (son un 28,8% del total) tenemos la misma población de esta edad que menores de 36. Y en determinados concellos de montaña la población mayor de 65 años es el 40% o superior», explica Raúl García.

Esta realidad conocida comienza ahora a explotar de manera más visible tras las consecuencias de los incendios (2.700 hectáreas en Cervantes en octubre del 2017) y de las recientes nevadas. Esa percepción ya es asumida por los pocos vecinos que siguen viviendo en la montaña lucense, con pequeñas incorporaciones casi heroicas de jóvenes familias. «Dan ganas de marchar de aquí», se lamentaba esta semana José Luis, un vecino de Vilar de Cancelada, enfadado porque tras cuatro días sin luz «ninguén veu por aquí a darnos unha explicación».

«Póñennos en valor a montaña con numerosas declaracións e moitas etiquetas, pero o que non poñen en valor son os proxectos de mellora de vida», explica un vecino de Piornedo. Entre los habitantes de Os Ancares ya se ha asentado la percepción de abandono de las Administraciones, especialmente de las para ellos lejanas Xunta y Estado.

Ejemplos de la vida diaria

Casos como los vividos en Folgoso do Courel o en Navia de Suarna con falta de médicos y riesgos para acceder a las urgencias; o la ausencia de niños (este año solo hubo dos nuevos alumnos en Navia); o los cortes de suministro telefónico y de Red (como las 11 horas que sufrieron los negocios y particulares en pleno agosto); o ancianos que viven solos y sufren una caída en sus casas hasta que alguien los echa en falta; o los enfermos que necesitan quimioterapia y hacen desplazamientos a Lugo o A Coruña; o el cierre de oficinas bancarias, farmacias y servicios administrativos «por falta de rentabilidad»... no hacen más que aumentar la sensación de abandono y de recelo hacia otros lugares de Galicia con más votantes y poderes económicos.

«Para que a xente, sobre todo a nova, permaneza, non hai máis remedio que investir e crear servizos, transportes, mellorar a calidade de vida», explica Manuel Rodríguez, hostelero del Hotel Piornedo, quien propone uno de esos gestos pequeños que unidos pueden ayudar: «En Donís hai unha escola nova e grande que está pechada. Por que non se volve a abrir para que haxa un médico, un enfermeiro, algún administrativo ou persoal que dea servizo e que non nos obrigue a ir a San Román por unha estrada que está impracticable, especialmente en inverno».

Política global y transversal

El ingeniero Raúl García explica que se necesitan políticas globales y a largo plazo, que incluyan de manera transversal a todos los sectores. «Non existe unha preocupación real para poñerlle freo a esta situación, porque isto non se reverte dun día para outro». Y concluye su argumentario con una reflexión: «Falando cunha persoa de 60 anos que naceu e viviu sempre en Lugo capital, recoñecíame que os mellores expertos e profesionais que coñecera viñeran do rural, porque a xente do campo ten un sexto sentido e unha percepción da vida máis completa».

No todo van a ser malas noticias para la montaña. La denominación en el 2006 de la Reserva de la Biosfera de Os Ancares Lucenses ha supuesto una esperanza para el desarrollo económico de los municipios. Desde la Diputación de Lugo han programado acciones encaminadas a favorecer la apertura de negocios a través del Campus de Emprendemento Sostible (hoteles, restaurantes, firmas apícolas, artesanía, industrias cárnicas, queserías, panaderías...) y al desarrollo de productos que estaban con un nivel explotación bajo: castañas, carne de vacuno, lacón gallego, miel, embutidos y hasta vino. También se están desarrollando, junto con la USC, trabajos de investigación para crear un banco de semillas autóctonas, conservación de castaños o explotación de árnica, entre otras.

El turismo también ha aumentado gracias a las rutas de senderismo por valles y montañas, el cicloturismo (en auge gracias al Puerto de Ancares), la llegada de familias en busca de la nieve, los amantes de la ornitología y la astronomía, o el conocimiento del patrimonio (Doiras, Piornedo, Doncos, Navia, castro de Santa María). Caso a parte es el bum del Camino Francés y Primitivo. La Gran Senda del Navia es otra oportunidad de futuro.

«Vivimos un caos ambiental pero os nosos votos xa non interesan»

suso varela

Ana, vecina de Molmeán, en Navia, señala que «onde hai xente, hai camiños limpos e non hai incendios»

Ana es una vecina de Molmeán, cerca de la carretera entre Navia y A Fonsagrada, que gestiona una explotación de más de 60 animales. No repara en decir que lo que sucedió el pasado fin de semana fue un caos ambiental del que además de las secuelas que ha dejado (en su caso dos días sin luz e incomunicación por carretera) habrá que tomar medidas en el futuro: «Quedou un polvorín preparado para que no verán haxa incendios, viñéronse abaixo miles de polas de carballeiras moi vellas e que como non se tomen medidas, arderán». Explica que hay caminos rurales que han quedado totalmente intransitables «e que quedarán abandonados de por vida».

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