Paisaje de cenizas en la postal del otoño gallego

La vida regresa lentamente a las aldeas donde el fuego obligó a evacuar a decenas de vecinos


lugo / la voz

Un paisaje centenario, con el que convivían los vecinos de Cervantes y disfrutaban miles de turistas, ha quedado reducido a cenizas. Donde hoy se debería admirar una postal de otoño, la tierra desprende humo y de los árboles autóctonos solo quedan maderos chamuscados. En este panorama, y tras una madrugada complicada, los vecinos de Cela, O Pando, Deva o San Martín intentaban regresar como podían a su vida diaria. Después de momentos de tensión y pocas horas de sueño, pendientes de que el fuego no se llevase por delante su ganado y sus viviendas, los vecinos fueron recuperando sus tareas; mientras que por sus abandonadas pistas no paraban de circular camionetas contraincendios, furgonetas de la Xunta, operarios para restaurar el tendido eléctrico y medios de comunicación, incluidas unidades móviles de televisión para la conexión en directo en los telediarios nacionales.

La lluvia no solo colaboró en apagar los focos activos y dar una tregua a brigadistas y vecinos. Consiguió limpiar el ambiente, denso de humo el lunes, y favoreció la respiración, pero a la vez faltaba el aire y el olor de la naturaleza de Os Ancares. Otro sentido, el de la vista, dolía viendo laderas enteras convertidas en polvo. Los pájaros no existían y el único ruido era el de los cencerros de las vacas, que pastaban ausentes del cambio que había a su alrededor. «Isto é unha desgraza e vou tardar en acostumarme», reflexionaba Segundo, el único vecino que vive en Deva, la aldea más alejada adonde llegaron las llamas de un otoño para olvidar.

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