Y los militares llegaron para impedir el avance de las llamas en Degrada

Cincuenta soldados se sumaron al esfuerzo de los brigadistas de la Xunta en una madrugada movida


cervantes / la voz

Y al cuarto día del gran incendio de Cervantes llegaron los militares para intentar echar una mano en un fuego que durante el fin de semana estuvo sin control debido a la intensidad del viento. Procedentes de Tui, donde estuvieron en los últimos días, llegaron a Cervantes en la tarde noche del lunes medio centenar de integrantes de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que tiene su sede en la Base Aérea de Zaragoza. Los soldados, de diferentes comunidades de España y que buena parte de ellos nunca habían estado en Os Ancares, trajeron tres motobombas y un vehículo nodriza, además de camiones y buses de apoyo y una unidad sanitaria. La base operativa la instalaron en Doiras, desde donde se pusieron al mando de los agentes forestales y apoyando el trabajo que llevaban efectuando desde el viernes hasta 144 brigadas contraincendios de la Xunta, 63 desplegadas en Noceda-Cereixedo y 81 en Donís. Bastantes brigadistas llegaron a trabajar un día entero, sin descanso.

Mientras las brigadas de Medio Rural, con el apoyo de vecinos, intentaron apagar el fuego en las zonas bajas de las montañas, parte de los militares ocuparon la cima de Degrada, junto al albergue de Os Ancares, con la misión de impedir que el fuego pasase a la colina contraria, la de A Campa da Braña, así como luchar para que el fuego no alcanzase la aldea de Cabanas Antigas.

Y es que mientras no llegó la preciada lluvia que consiguió apagar la mayoría de los focos del incendio de Cervantes, sobre las siete de la mañana, la madrugada fue complicada, con focos activos cerca de Deva y San Martín, donde estuvo a punto de regresar el drama al levantarse un fuerte viento. Al mediodía, y tras evaluar la situación con los agentes forestales, los militares desplegados en Degrada recogieron el material y regresaron a Doiras para descansar. Los brigadistas de la Xunta mantuvieron la vigilancia sobre los fuegos que fueron resurgiendo, como uno en una pacas de paja en San Martín, o refrescando los montes.

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Y los militares llegaron para impedir el avance de las llamas en Degrada