Resineros en los pinares de Castroverde

Explotan 365 árboles de cinco propietarios en un plan experimental de aprovechamiento del monte

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Resineros en los pinares de Castroverde Explotan 365 árboles de cinco propietarios en un plan experimental de aprovechamiento del monte

lugo / la voz

El ingeniero técnico agrícola Francisco Domínguez está tratando de abrirse camino en una actividad que prácticamente desapareció del mapa en los años 60, la de resinero. Es uno de las 16 personas que están trabajando en Galicia en la extracción de resina de pinos, a través de la asociación Arega, que se creó en febrero del 2016, una actividad que carece de regulación en la comunidad. Su campo de acción está Lobios (Ortigueira), donde lleva un monte de 1.006 pinos y en Castroverde. En este concello está aplicando un plan experimental en un monte comunal, perteneciente a cinco socios, con 365 árboles de la variedad pino silvestre. Según asegura, con esta variedad es la primera vez con la que se trabaja en Galicia.

En la provincia de Lugo también hay experiencias en Friol, donde están resinando la comunidad de montes de Carballo, como actividad complementaria del resto de las que desarrolla, como la cría de porco celta o de cabalo galego, y un particular que extrae la materia prima de 5.000 árboles.

En el trabajo en el monte de Castroverde, que también se comprometió a limpiar, a Francisco Domínguez le ayuda Carlos Espín Sánchez. En estos días están realizando el denominado derroñe, de segunda temporada, que es el paso previo a la colocación de los calderos reutilizables, que tienen una vida media de ocho años, con los que recogen el líquido pegajoso.

El de resinero es un duro oficio que rescató la crisis en la Meseta, donde han surgido iniciativas como la de la empresa Resinas Naturales de Segovia, que según Domínguez, está muy interesada en acceder al mercado gallego, donde la actividad está prácticamente virgen, salvo iniciativas puntuales. Les está dando todo tipo de facilidades para desarrollarla. La empresa segoviana está pagando un euro por kilo de producto, ofrece cursos para formar resineros y financia las herramientas para trabajar.

Según el resinero de Lobios, en Castroverde empezaron el año pasado, como prueba, a mitad de temporada. Sacaron dos barriles, con un total de algo más de 300 kilos de resina. A cada pino consiguieron extraerle una media de dos kilos de la materia prima que se usa, entre otras aplicaciones, como conservante en productos alimenticios como la fruta (de ahí el brillo de algunas piezas); en la industria cosmética y para la fabricación de pinturas.

Los resineros entregan a la fábrica la producción extraída en unos bidones especiales y mezclada con hojas de pinos y con la inevitable agua de lluvia que recogen los recipientes a los que escurre el líquido del árbol. La compañía recoge los bidones a domicilio.

El trabajo en este oficio dura prácticamente todo el año. La temporada comienza en el mes de marzo y se prolonga hasta octubre. El resto del año limpian el monte y preparan los pinos para la extracción.

Domínguez asegura que hay que saber sacar la resina para no dañar la madera y que se pueda comercializar. Ellos utilizan el método de pica de corteza ascendente, mediante el que cada año marcan una superficie en la que efectúan cortes para colocar las grapas por las que se deslizará el líquido hasta el caldero. Cada doce días tienen que mover las grapas y echar un estimulante que permite que la corteza siga segregando. Cumple la misión similar a un anticicatrizante,

«Nós -señaló Domínguez- estamos todo o día a pe de monte. Limpámolo e mantémolo en condicións. Moitas das ampliacións dos contratos de aproveitamento están vinculados tamén a poda das árbores».

El resinero cobra 1 euro por litro y tiene que abonar al propietario del árbol un 10%

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