Más de 7.200 piezas arqueólogicas de Cereixa fueron al museo de Viladonga

Los arqueólogos esperan que más adelante se puedan exhibir en el municipio

Un momento de las excavaciones realizadas en el cementerio medieval situado en el recinto del castro de Cereixa
Un momento de las excavaciones realizadas en el cementerio medieval situado en el recinto del castro de Cereixa

monforte / la voz

Los responsables del proyecto arqueológico del castro de San Lourenzo de Cereixa -en A Pobra do Brollón- depositaron en el museo de Viladonga los materiales que se exhumaron durante las excavaciones realizadas en este yacimiento en los últimos años. La entrega se hizo en cumplimiento de la normativa legal que obliga a depositar en el museo de referencia más cercano los hallazgos arqueológicos una vez que ha concluido su estudio. Como ha ocurrido con otras piezas arqueológicas descubiertas en el sur lucense, estas han sido trasladadas al museo de Castro de Rei, puesto que la capacidad del Museo Provincial de Lugo para almacenar estos materiales quedó desbordada hace años.

Según explica el arqueólogo Xurxo Ayán, director técnico de las excavaciones de Cereixa, en estos trabajos se catalogaron en total 7.266 objetos que fueron desenterrados en las cuatro campañas arqueológicas realizadas en el castro entre el 2016 y el 2018. Una vez inventariados y depositados en el referido museo, quedan a disposición de los investigadores que se interesen en realizar nuevos estudios sobre ellos.

2.000 años de ocupación

Estas piezas, indica por otro lado Ayán, «fornecen información sobre a ocupación deste lugar ao longo dos últimos dous mil anos», ya que el castro fue utilizado para diferentes fines a lo largo de los siglos. El lugar fue primeramente un poblado fortificado de la Edad del Hierro para convertirse en la Edad Media en un cementerio y albergar también un santuario durante las épocas bajomedieval, moderna y contemporánea. Esta circunstancia, añade el arqueólogo, «fai deste sitio un caso único na Ribeira Sacra e na Terra de Lemos».

Entre los materiales arqueológicos entregados al museo de Viladonga abundan especialmente los fragmentos de cerámica -que suman 6.917 piezas- de las épocas castreña y medieval. A ellos se suman 125 piezas líticas entre las que destacan materiales constructivos como lajas de pizarra para cubiertas, molinos de piedra para moler cereales, fusayolas -piezas de telar- y pequeños artefactos de carácter votivo o ceremonial. En el inventario figuran asimismo 104 muestras de escorias de hierro que -según apuntan los investigadores- ponen en evidencia la importancia que tuvo la actividad metalúrgica para los habitantes del castro. En las eXcavaciones también se recuperaron cincuenta piezas metálicas que han sido restauradas por la especialista Yolanda Porto Tenreiro y que comprenden materiales constructivos -como tachuelas, clavos y bisagras de puertas-, herramientas -gubias y cuñas- y algunas armas, como puntas de ballesta medieval.

Xurxo Ayán señala por otra parte que uno de los objetivos del proyecto arqueológico de Cereixa a medio plazo «é poder contar cun museo local na Pobra do Brollón, no que se poidan exhibir os materiais exhumados». En esta línea -agrega- «insírense os esforzos feitos desde o Concello da Pobra do Brollón para acadar a cesión da antia casa cuartel da Garda Civil».

Una rica colección de monedas antiguas y objetos funerarios

Los hallazgos arqueológicos realizados en el castro de Cereixa comprenden una colección de setenta monedas de bronce de distintas épocas históricas. La mayoría de ellas datan del reinado de Felipe III y fueron fabricadas en lugares como Valladolid y Sevilla. Los arqueólogos indican que se corresponden con el uso del lugar como santuario. Otro grupo de monedas son de la época medieval -en su mayor parte del reinado de Enrique II, en el siglo XIV- y entre ellas hay tres piezas especiales: un «cornado» o coronado acuñado en Córdoba, un cruzado que procede probablemente de una ceca de Santiago y un ceitil, moneda de cobre portuguesa.

A la colección arqueológica hay que añadir una serie de objetos descubiertos en algunas de las 41 tumbas de origen medieval que fueron localizadas en el recinto del castro. Una de estas piezas, encontrada en la sepultura del individuo conocido como Atilano, consiste en una hebilla de cinturón hecha de hierro en forma de letra te. En otra tumba se encontró un cuchillo de hierro y en otra aparecieron dos cuentas de pasta de vidrio amarilla, que se enterraban como amuletos. En una de las sepulturas, por otra parte, se desenterró un kilo de escorias de hierro y en otras aparecieron dientes de herbívoros, testimonios de antiguas prácticas funerarias.

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