«Jamás pensé encontrar a mi padre 69 años después»

El destacado defensor de los derechos humanos recibe hoy un homenaje

Darío Rivas Cando el día que recibió la placa de honor de la provincia de Lugo el año pasado.
Darío Rivas Cando el día que recibió la placa de honor de la provincia de Lugo el año pasado.

Lugo / la voz

Hace ahora diez años, en agosto de 2005, Darío Rivas Cando consiguió recuperar los restos de su padre que fue asesinado por un grupo de falangistas el 29 de octubre de 1936. Severino Rivas Barja fue por un tiempo alcalde socialista en Castro de Rei. Envió a su hijo Darío a estudiar a Buenos Aires cuando tenía cinco años. Nunca más se llegaron a ver. Hoy, en el cementerio de Cortapezas, en cuyo exterior fueron exhumados los restos del exalcalde, por iniciativa de la Asociación para a Recuperación da Memoria Histórica, habrá un acto de recuerdo al fallecido y también un homenaje a su hijo Darío Rivas Cando, destacado activista en pro de los derechos humanos desde Buenos Aires. Allí promovió la querella argentina contra los crímenes franquistas.

Darío Rivas Cando tiene 95 años. Desde que encontró a su padre viaja todos los veranos a Galicia donde participa en numerosos actos en defensa de los derechos humanos. No está solo en esa lucha. El premio Nobel, Pérez Esquivel, entre otras personalidades, lo respalda. «Creo que debo llevar hechos unos veinte viajes de Buenos Aires a Galicia. A veces les digo a mis amigos de broma: ¡Qué equivocación cometí! ¡Vós sabés la plata que tendría si no la hubiera gastado en los viajes! Ellos se sorprenden porque piensan que lo digo en serio», contó Rivas.

-Y en uno de esos viajes encontró a quien buscaba: su padre...

-Nunca pensé encontrar a mi papá 69 años después. Por una cuestión psicológica fui a Portomarín porque quería ver el lugar donde me decían que posiblemente lo hubieran matado. Dos días antes de que lo homenajearan en Castro fui a Portomarín. Quería estar allí, pero jamás soñé con que iría a una casa en la que una mujer me iba a decir donde estaba mi padre. Aún no hace mucho le pregunté a la hija de esa mujer: señora, ¿Usted tiene espíritu de policía igual que su mamá? Es que su madre, al verme, me empezó a preguntar como en una investigación policial. Pensaba que era un turista. Me preguntó donde nací y le respondí que en Loentia (Castro de Rei). Estuvo pensando un poco y me dijo: cuando yo era niña asesinaron a dos personas en la carretera y una era de Castro de Rei.

-¿Qué pasó en ese momento por su cabeza?

-Hasta ahí iba más o menos. Cuando ya me explicó que se trataba de un hombre muy importante de la zona, ahí me pegó algo. ¡Me habló con tanta exactitud! Me dijo que era un varón muy bien vestido, que llevaba un gabán puesto. En aquel tiempo, un gabán era una prenda de lujo. ¿Un gabán, seguro?, pregunté. Y su respuesta fue afirmativa, sin ningún tipo de dudas. Yo sabía que mi hermana le había enviado desde Buenos Aires un gabán. Luego fui a ver a otro vecino para saber si se acordaba y, por los datos que me daba, todo hacía pensar que era mi padre. Con él fui a ver a otro hombre que vivía cerca del cementerio y que conocía lo ocurrido. Venga, señor yo le voy a decir dónde está su papá, dijo. Caminamos un poco, pasamos por el cementerio y en la parte de atrás señaló: aquí está su padre, aquí el jefe de las tropas de asalto de Lugo y aquí mi padre (el del vecino que hacía de guía). A los tres, los curas no los aceptaron en el cementerio. Había que esconderlos fuera.

-Sin embargo aún tuvo que esperar por la exhumación...

-Cuando vine la primera vez, sembré. Supe que lo habían asesinado, pero nada más. En el segundo viaje fue cuando le pusieron la placa en Castro y yo fui a Portomarín. Regresé de nuevo sabiendo dónde estaba mi padre y comencé a recopilar un montón de documentación oficial. Tengo hasta la firma del jefe de los falangistas que secuestró a mi padre. Incluso llegué a conseguir el expediente completo de cuando lo metieron preso por defender a unos feriantes en Castro. Todo lo fui recuperando, incluso a él.

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