Nuevos hallazgos aportan datos de la muralla original del castro de Viladonga

La entrada tenía una estructura circular, sin cubos que aún se conservan en Lugo

Aspecto de los restos aparecidos junto a la entrada del castro, pertenecientes a la muralla del recinto.
Aspecto de los restos aparecidos junto a la entrada del castro, pertenecientes a la muralla del recinto.

vilalba / la voz

La entrada al castro de Viladonga (Castro de Rei) tenía una estructura redondeada. Nuevos hallazgos aparecidos en el suroeste de la croa confirman esa idea, que ratifica lo averiguado con trabajos anteriores. Este reciente hallazgo ha tenido lugar dentro de una campaña de trabajos de consolidación, que siguen una línea de protección ya iniciada en años pasados.

La muralla se levantó en torno al siglo III después de Cristo. La fecha la sitúa como coetánea de la de Lugo, aunque estos recientes hallazgos, como otros anteriores, sirven para establecer algunas diferencias entre ambas estructuras. En la de la actual capital de la provincia había cubos, mientras que la de Viladonga, con un perímetro mucho más reducido, presentaría una estructura algo diferente.

Del resto de la muralla se observan restos en distintos puntos. En la parte norte y nordeste son visibles muros de la estructura, e incluso llegaron a aparecer, dentro de campañas realizadas en años pasados, restos de escaleras que conectarían el castro con la muralla.

Sin embargo, no parece que de inmediato vayan a aparecer más restos. De hecho, no se persigue ese objetivo, pues actualmente, como ya ocurrió en años anteriores, se realizan trabajos orientados a la limpieza y a la conservación. Dentro de la muralla, también es importante pensar en la consolidación de algunos muros ahora algo deteriorados, como explica la directora del Museo de Viladonga, Elena Varela.

En marcha otra campaña de protección de muros deteriorados

La campaña que se puso en marcha hace varias semanas se dirige a la consolidación y la protección de muros que presentan diversos niveles de deterioro. La arqueóloga Marta Díaz -perteneciente a la empresa Axa, que realiza los trabajos- explica que las excavaciones realizadas durante distintas décadas del siglo pasado acabaron por dejar al aire la parte inferior de los muros, hasta llegar a la cimentación.

Esa situación se está corrigiendo en estos momentos, mediante una operación que comienza por la limpieza de los muros. Luego se sustituye la piedra mala por otra que se encuentra en buenas condiciones, acompañada de un mortero que se colorea con pigmentos. Así se busca que esos muros ya no permanezcan expuestos al aire y se vean, por tanto, menos amenazados por la erosión.

La línea de actuación sigue el esquema de otros años, en los que la parte superior de los muros quedó cubierta por una capa de pizarra, sobre la que se colocó una capa vegetal. Además, en la parte inferior de otros muros se efectuaron trabajos de drenaje para facilitar la circulación del agua.

Los rigores invernales y el contraste de temperaturas entre el día y la noche que se da en verano son factores que amenazan la conservación de las estructuras del castro.

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