Reclaman una sala para la Memoria Histórica en la vieja cárcel de Lugo

El hijo del alcalde de Castro de Rei asesinado anuncia la donación de fondos

La vieja cárcel de Lugo comenzó a prestar servicios en julio de 1887.
La vieja cárcel de Lugo comenzó a prestar servicios en julio de 1887.

lugo / la voz

Varios colectivos plantean la apertura en la vieja cárcel de Lugo de una sala dedicada a la Memoria Histórica. Algunos anunciaron su intención de presentar formalmente la solicitud, y otros lo hacen simplemente en sus páginas en Internet. Darío Rivas, hijo de Severino Rivas Barja, alcalde socialista de Castro de Rei, asesinado durante la dictadura franquista, anunció la donación de fondos para la sección en caso de que esta sea puesta en marcha.

Otras ciudades españolas con viejas cárceles adoptaron ya la iniciativa, no solo creando secciones en memoria de los represaliados sino dedicándoles la totalidad de las viejas instalaciones carcelarias. En Oviedo, por ejemplo, funciona en la antigua prisión el archivo de la memoria asturiana.

Otro ejemplo es Málaga, donde la vieja prisión provincial fue señalizada como lugar de la Memoria Histórica de Andalucía, por ser considerada como uno de los centros de la represión de la dictadura durante la guerra y la posguerra. Carabanchel fue otro de los centros que motivó un movimiento para que en el mismo se tuviese especial atención a aquellos que murieron durante la dictadura. En su momento, directivos de Instituciones Penitenciarios anunciaron un espacio para la memoria democrática.

Quienes están a favor de la idea consideran que en la provincia hay centenares de personas que fueron víctimas de la dictadura y que ha de ser honrada su memoria. Entienden que siendo compleja la creación de un centro museístico, se abra una sala especial en recuerdo de todos los fallecidos y para que sirva de divulgación y reflexión sobre la historia.

Darío Rivas, desde su residencia en Buenos Aires, anunció esta misma semana que no solo tratará de hacer todo lo que le sea posible para que Lugo disponga de este centro, sino que donará material relacionado con su padre, Severino Rivas Barja, que fue alcalde en Castro de Rei por un corto espacio de tiempo porque acabó siendo asesinato. Su hijo se ha convertido en la última década uno de los grandes defensores de la Memoria Histórica, llegando a convertirse en un destacado activista en pro de los derechos humanos. Desde Buenos Aires ha conseguido, junto a destacadas personalidades, que el Gobierno argentino abriese un proceso contra personalidades de la vida política que tuvieron que ver con Franco.

Darío Rivas consiguió localizar los restos de su padre que fue arrojado a una cuneta después de haber sido matado de varios disparos. Apareció en Cortapezas, cerca de Portomarín.

Rivas, que el año pasado fue distinguido en la Diputación Provincial, anunció que el próximo mes solicitará una entrevista con la persona que sea elegida alcalde de Lugo para reclamar la sala y también para ofrecerle documentación.

La vieja cárcel de partido de Lugo fue objeto de una profunda reforma, no exenta de polémicas. Su futuro destino será un centro cultural. En la parte superior fue instalada una zona acristalada que servirá para la instalación de una cafetería, lo que motivó algunas críticas.

Otras ciudades españolas dedicaron sus viejas prisiones a museos

Más de mil personas fueron asesinadas en la provincia entre 1936 y 1940

La profesora lucense María Jesús Blanco Souto, autora del libro La Represión Franquista en la Provincia de Lugo, 1936-1940, elaboró un censo de personas que fueron asesinadas en la provincia en ese período. Documenta un total de 940 víctimas entre las que no figuran aquellas que fueron asesinadas en otros lugares de España. Quienes promueven la creación de la sala de la Memoria Histórica en la vieja cárcel de Lugo aseguran que la incidencia de la dictadura en la provincia lucense fue espectacular.

Algunos investigadores hacen referencia también a quienes pagaron en la cárcel de Lugo las consecuencias de la represión. El penal lucense, según un amplio estudio del profesor de Derecho Penal de la Universidad de Valladolid Ricardo M. Mata y Martín, se estrenó en julio de 1887. Fueron elegidos unos terrenos en la zona de A Mosqueira, para tratar de dar solución a un gravísimo problema, la falta de espacio en la cárcel de Armanyá y las constantes evasiones. Periódicos de la época reseñaban en sus informaciones que de la cárcel de Lugo se habían marchado todo los presos. «Dentro de poco -decían, según refleja el citado profesor- comenzarán las fugas de alcaides, únicos individuos que quedan en los presidios».

El nuevo centro penal de Lugo fue construido con 56 celdas, seis calabozos (con capacidad de hasta doce internos) y once celdas para incomunicados y castigados. Fue planificado para un total de 140 reclusos. En principio la plantilla de personal era de cinco empleados, un jefe, un administrador y un llavero.

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