«En la fiesta de fin de año no pudimos pinchar»

Los hosteleros suelen quejarse por la falta de servicio y en algunos lugares optan por un satélite


lugo / la voz

Jamy Corral, hostelero del Restaurante Galicia y de la cafetería Madialeva en Baamonde (Begonte), es un ejemplo claro de cómo la pésima cobertura de Internet puede afectar a un negocio. A pocos metros de la moderna A-6 y sin montaña a su alrededor, Begonte es uno de los 27 concellos de la provincia donde apenas se consigue llegar a los dos megas por segundo de velocidad.

«Aún estoy esperando que me responda Movistar a una reclamación que presentamos porque en la noche de fin de año nos dejó colgada la conexión y no pudimos pinchar la música que teníamos de Internet en la cafetería», relata este hostelero lucense. Explica que le tuvieron colgado al teléfono 20 minutos sin que nadie le cogiese la llamada. Al final tuvieron que tirar de lápices de memoria USB. «Es una vergüenza el servicio que recibimos, y al final seguro que me descuentan algo en la factura, pero el daño ya está hecho», señala Corral.

Pero la mala cobertura no sabe de compañías y como hostelero lo sabe bien: «En Baamonde no recibimos la televisión por la Red, por ejemplo para ofrecer los partidos del Lugo, porque no llega la señal o es muy débil, así que no puedes dar este servicio a tus clientes». Lo que le sucede a este hostelero le pasa a miles de lucenses: «Contratas diez megas con Movistar, pero esta alquila la línea a otra compañía que te queda en seis y luego la realidad es que apenas superas dos».

Satélite para una granja

Hay negocios en el rural donde Internet es fundamental. Por ejemplo, la explotación ganadera completamente robotizada de Manuel Sandamil, en Pacios, Castro de Rei, otro concello con mala cobertura de Red. «Se queríamos ter servizo tivemos que poñer un satélite e salvo algún momento concreto, nunca nos fallou», relata este ganadero, al que le ofrecieron hace años una buena oferta para su instalación y la aprovechó. «Hoxe en día é imprescindible ter cobertura para acceder a Internet, e no noso caso para realizar trámites veterinarios e gardar información sobre a granxa».

Eso sí, cuando Sandamil sale de la explotación y va a su casa en Árbol, Vilalba, la cosa cambia «e xa dependes do día para que vaia máis ou menos rápido, e non é cousa dunha compañía, que xa o temos comprobado con varias».

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