«O lume fixo como un túnel na estrada e tapeime coa man, pero queimoume»

El propietario del bar de Doiras acogió a los desalojados en su casa y luego salió a combatir el fuego y fue alcanzado


LUGO/ LA VOZ

El propietario del bar de Doiras y también transportista fue uno de los protagonistas involuntarios de la fatídica noche del domingo en Os Ancares.

Todos los vecinos desalojados acudieron a su bar para pasar la noche porque, aunque se habían preparado colchonetas en el gimnasio del colegio de Becerreá, al final optaron por estar todos juntos en el local y pasar la noche cerca de sus casas y no en un lugar más lejano como Becerreá.

Así que Eduardo González, de 75 años de edad, hizo de anfitrión de sus vecinos y fue procurando que se sintiesen tan cómodos como en sus casas. Así que una vez que tuvo a todos los desalojados en su establecimiento, le cedió el testigo de las atenciones a su mujer y demás familiares para salir a combatir el fuego junto a los equipos de extinción, como hicieron muchos otros vecinos. Y fue en esa lucha nocturna con el fuego voraz donde le alcanzó el calor de las llamas, hasta provocarle una quemadura en su mano izquierda y también otra en el lateral de la cara y una oreja.

Como se sabe, el fuego es traicionero hasta para quien conoce la zona, y Eduardo tuvo la mala suerte de quedarse solo y ser perseguido por el fuego. «Estaban desaloxando aos veciños e estes non querían marchar. Perigaba a situación e entón a Garda Civil ordenoulles meterse inmediatamente no coche. Tal foi o caos e a situación que eu quedei no medio da estrada solo», relató Eduardo, que a los pocos segundos vio como el fuego pasaba literalmente por encima de él. «O lume fixo como un túnel na estrada e tapeime coa man, pero queimoume igual. As lapas ían pola ladeira dereita da pista pero veu un refacho de vento que o virou. Eu quedei como nun túnel e co lume por riba. Encheuse todo de fume, quedei medio cego e tapeime coa man parte do rostro. Pero entón o lume viña detrás de min e botei a correr pola pista abaixo. A calor foi a que me provocou as feridas na man e na orella; ademáis das agujetas que teño de tanto correr», manifestó Eduardo, quien corrió unos dos kilómetros para salvarse del virulento fuego que lo perseguía.

Regreso al bar

Pero el susto vivido no impidió que Eduardo diese el relevo a sus familiares. Volvió a su mesón y continuó atendiendo a sus vecinos durante la poca noche que ya quedaba cuando consiguió regresar. Ni el fuego traicionero ni los 75 años son capaces de doblegar todavía a Eduardo a la carrera.

«Quedei solo no medio da estrada e vin como o lume me perseguía»

«O que pasou aquí senón se ve non se cre, foi algo fora do normal»

«Saín tan apurado que esquecín os dentes e poñer os calcetíns»

Un hombre de Cela se encontraba en cama cuando su vecino llamó a la puerta indicándole que tenía que abandonar su casa. Era el aviso que la Guardia Civil estaba comunicando por la aldea. «Saín tan apurado que esquecín os dentes e tamén poñer os calcetíns», manifestaba en el Mesón de Doiras donde se encontraba con el resto de vecinos desalojados. «Fixen 82 anos e na miña vida acordo isto», sentenció.

«Estaba agardando a que se calmara o lío de Cataluña e resulta que o lío se montou aquí»

Virgina, una vecina de Noceda pero residente desde hace años en Barcelona, acude todos los veranos a Cervantes para pasar unos meses de relax en la montaña. Este año, con la situación política de Cataluña, decidió ampliar los días, con el fin de que se calmara un poco el contexto catalán. «Estaba agardando a que se calmara o lío de Cataluña e resulta que o lío se montou aquí», indicaba Virgina, quien temía regresar a casa y encontrarse con un cuadro de su hijo fallecido calcinado. Junto a Virginia se encontraban Manuela, de San Martín de Cereixido, y Amelia, de la aldea de A Freita. La primera estaba a punto de irse a cama cuando la desalojaron y la segunda consiguió resguardar las vacas antes de abandonar su vivienda.

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