El toro de Osborne se esconde de la N-VI y de la A-6 en Becerreá

Matorrales y pinares ocultan la famosa valla, a la que solo acompañan a diario los jabalíes


lugo/ la voz

Uno de los libros infantiles más exitosos publicados en Galicia, Claudia e o touro (2003), no tiene ni remota posibilidad de poder suceder en la provincia de Lugo. Narra la historia de una niña, que tras quedar el coche de su padre averiado en la vieja nacional camino de la aldea, acude a ver un toro de metal al que le pinta con una tiza un corazón, para a continuación la valla publicitaria cobrar vida.

El único toro de los 91 repartidos por España de la marca Osborne que hay en Lugo se ubica en una colina del núcleo de O Cereixal, en Becerreá, a 823 metros de altitud. Poder llegar a esta figura resulta difícil por la pendiente y la vegetación. Pero el sentido por el que fue levantado, a la altura del kilómetro 462 de la N-VI en dirección A Coruña, no lo cumple en la actualidad. Hace años se podía ver sin problemas en la subida de Becerreá hacia O Cereixal, mientras que hoy apenas se intuye una silueta lejana entre matorrales, pinares y arboleda de todo tipo que lo oculta. Supuestamente debería estar en un «cerro para cortar el horizonte y favorecer su visión».

Ni siquiera desde la A-6 se puede ver este icono para muchos de la marca España o, incluso, de la nación española. Para otros, se trata de un símbolo anacrónico, y así sufrió «atentados» en diferentes puntos de la península, incluido este de Becerreá, que en el 2006 apareció pintado de rosa.

«Un torito»

El origen de esta famosa marca de brandi de Jerez nace en 1956 con la silueta de un toro de lidia de 14 metros de altura y 150 metros cuadrados. Las vallas primitivas eran de madera pero la poca resistencia a las inclemencias meteorológicas hicieron que se cambiarán por las de metal, ancladas las torretas que sostienen la figura con hormigón, 4.000 kilos de peso y hasta 50 kilos de pintura negra. En este sentido, en la valla de Becerreá estamos ante un «torito» porque su altura apenas llega a los seis metros y su longitud es inferior a los cuatro.

Esta valla estuvo a punto de desaparecer del paisaje español tras la Ley de Carreteras de 1988, que obligaba a retirar la publicidad de las vías nacionales. Se quitó el logo de Osborne. El reglamento de 1994 fue más taxativo y exigía su retirada completa, pero tras una campaña social el Congreso de los Diputados decidió dejar las vallas «como patrimonio cultural y artístico de los pueblos de España». Una sentencia del Tribunal Supremo de 1997 dictó que se mantenía por «su interés estético y cultural».

En Becerreá la sentencia no se cumple. Solo los jabalíes, que tienen levantado el terreno, se atreven a acercarse al mítico toro.

Fue pintado de rosa y el «Klaus» lo tiró

Este símbolo de la patria española fue modificado con un sentido totalmente contrario en el verano del 2006. Autores desconocidos pintaron toda la valla de rosa, en una acción nada fácil, porque para poder acceder a este toro es necesario subir una colina con numerosa vegetación. A los pocos días volvió a ser pintado de negro. Tres años después, el ciclón Klaus se lo llevó por delante. Dos meses después volvió a ser levantado un nuevo toro, el que se ve en la actualidad. foto pradero

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