El carnicero que cerró cuatro locales en A Coruña para vivir más tranquilo en Baralla

Jesús Folgueiras, cuarta generación de Carnicería Benito, reflexiona sobre los cambios en el sector y los problemas que atraviesan los municipios de la montaña lucense

La segunda nevera más antigua de la provincia. Jesús Folgueiras enseña la nevera que les hizo la firma Saqués en los años 50, con puerta de madera maciza y corcho aislante.
La segunda nevera más antigua de la provincia. Jesús Folgueiras enseña la nevera que les hizo la firma Saqués en los años 50, con puerta de madera maciza y corcho aislante.

lugo / la voz

Jesús Folgueiras (Baralla, 1960) lleva toda la vida entre cuchillos y matanzas. A sus 60 años, y en plena pandemia, tiene claro que acertó cuando antes de la llegada del coronavirus cerró sus carnicerías en A Coruña (en la ciudad, en Bergondo y dos en Sada, todas con el nombre de Las Delicias) «para gañar en tranquilidade en Baralla». Y no lo hizo por falta de relevo generacional. Su hijo ya está metido en el negocio y será la quinta generación que estará al frente de Carnicería Benito: «Se duramos catro xeracións, é que non o fixemos tan mal», piensa Folgueiras.

Este veterano carnicero de la montaña lucense reconoce que es una profesión «que ten que gustarche», y en su caso la vive desde niño: «Desde os seis anos xa andaba co coitelo, tiñamos matadoiro e era o que vías». Siguió la tradición de sus tatarabuelos, luego sus bisabuelos y después de sus padres. Así, desde 1890 en Baralla, al pie en su momento del Camino Real y luego N-VI, esa carretera que tantos éxitos económicos le dio a su negocio.

«Desde que abriu a autovía perdemos sobre un 50 % das vendas», explica el empresario. Fue en ese momento, hace veinte años, cuando tuvo que comenzar a buscarse la manera de encontrar nuevos clientes, ya que antes paraban muchos conductores ante su local por costumbre o por inercia del tránsito. Comenzó así la venta por las parroquias, amplió los encargos y con el paso de los años vino la apertura de los citados puestos en la costa coruñesa, además de comenzar a vender sus productos por Internet.

«Pero cos anos fómolo deixando, retiramos velas, porque valoramos se merecería a pena o esforzo de estar en tantos sitios á vez, se irnos toda a familia a vivir á Coruña e deixar Baralla, e ao final preferimos pechar alá e vivir con tranquilidade na nosa casa», reflexiona ahora con la experiencia.

Desde 1890, Carnicería Benito, en la entrada de Baralla por la N-VI
Desde 1890, Carnicería Benito, en la entrada de Baralla por la N-VI

La misma que le hace valorar lo que ha logrado en estos momentos la sociedad, aunque sea en plena pandemia. «Eu se antes mataba seis becerros por semana, agora mato tres, e isto é unha cadea, porque o que os cría non os vende, e a hostalería non merca a carne...», pero a la vez quiere recordar de dónde venimos: «Eu crecín nun mundo onde non había auga da traída, nin televisión e así moitas cousas máis, e se temos que volver a vivir hoxe aqueles tempos, tirámonos pola ventá». Con la llegada del coronavirus reconoce que muchas veces piensa «para que traballar tanto se ao final che aparece unha historia deste tipo».

O galego sempre quere ter algo na despensa

El, en su carnicería con aire de otra época, tiene una despensa especial. Se trata, explica, de la segunda nevera que se hizo en la provincia de Lugo, en los años cincuenta. «O ano pasado veu un neto de Saqués, que foi a empresa que a fixo, para mirar que materiais se empregaban daquela». Folgueiras señala que la nevera, a pesar de tener casi 70 años, «o motor nunca me deu un problema, en cambio na neveira nova teño que andar cambiando pezas todos os anos».

«Os mozos, menos escravos»

Nuevo y viejo, dos conceptos que Jesús Folgueiras conoce bien, y que indica que forman parte del transcurso de la vida y de un negocio familiar como el suyo, que va camino de la quinta generación: «Eu mamei isto e vou morrer facendo o meu traballo, os novos —por sus hijos— teñen outra visión da empresa, un xeito de traballar menos escravo». Este carnicero de Baralla, que se sabe los secretos para ofrecer la mejor carne a sus clientes, explica que para que un negocio en el rural funcione tiene que diversificar sus productos y abrir mercados e, incluso, conseguir ingresos complementarios con otras actividades: «Cada vez somos menos na montaña».

Los vecinos de la N-VI buscan su camino

suso varela

La apertura de la A-6 cerró negocios, otros se reorientaron y algunos mejoraron con el cambio

El día que abrió la autovía Jesús Folgueiras apenas pudo dormir. Este vecino de Baralla de 60 años, cuarta generación al frente de Carnicería Benito, estaba tan acostumbrado al ruido de camiones y coches que pasaban por delante de su casa en la N-VI «que tardei semanas en adaptarme, faltábame algo que en cambio hoxe sería incapaz de soportar». Sobre esta contradicción se basa el discurso de los vecinos de la montaña lucense que de un día para otro, hace veinte años, vieron cómo sus villas dejaban atrás largas colas de vehículos y numerosos accidentes de tráfico y, a la vez, vivían el inicio del cierre o la reinvención de muchos negocios que prosperaron gracias a la N-VI.

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