Los afectados por el incendio de Baralla: «Casi no salimos vivos, tuvimos que huir de la casa solo con lo puesto»

Se alojan en el albergue Lug 2 de Lugo hasta que encuentren un piso

Luis y Kelly delante de la casa, a la que volvieron ayer para asegurarse de que los animales estaban bien
Luis y Kelly delante de la casa, a la que volvieron ayer para asegurarse de que los animales estaban bien

LUGO / LA VOZ

La vivienda que ardió la madrugada del domingo en Penarrubia, en el Concello de Baralla, era la idílica casa de creación de Luis, un escritor pontevedrés. Hacía un año que se había mudado y seis meses atrás también se trasladara su pareja, Kelly. Hace apenas unas semanas se unió una amiga, Isabela, con sus tres hijos pequeños. «Nos encantaba la casa, los niños jugaban, teníamos animales libres; era un lugar tranquilo hasta este domingo», cuenta Kelly. A las 05.30 de la madrugada, el viejo cableado eléctrico de una estufa encendida en la habitación de los niños inició un gran incendio que acabó quemando por completo la casa.

«Los niños fueron los que se dieron cuenta y empezaron a gritar, nosotros tres estábamos dormidos», relata Kelly. Ella fue la primera en despertarse por las llamadas de los pequeños, de siete, ocho y nueve años. Despertó a Luis y entraron los dos tapados con una manta para sacarlos. «El colchón donde dormían los niños ya estaba en llamas, pensé que no los dábamos sacado de allí». En el tiempo que socorrieron a los niños, el fuego ya se expandió a toda la casa, porque es de madera y arde fácil, y tuvieron que salir corriendo. La madre de los niños, Isabela, que tiene un problema de movilidad por un accidente de tráfico, también necesitó ayuda para salir de la casa. «Quería entrar a toda costa donde estaban sus hijos, fue un momento de mucho pánico». Los seis inquilinos lograron salir de la vivienda, tan solo Luis tuvo leves quemaduras en la mano y en el pelo, pero la agresividad del fuego los echó de casa tan solo con lo puesto. «Estamos bien porque estamos vivos, que es lo más importante, pero lo perdimos todo», resume Kelly. Todos ellos salieron en pijama, descalzos y no pudieron recuperar ni uno solo de sus bienes. Al menos, pudieron abrir el cortijo donde se encontraban sus animales, una pareja de perros, una gata y tres cabras. Además, las casas más próximas de vecinos que podrían haber echado una mano se encuentran a kilómetros.

Los seis fueron trasladados al HULA y estuvieron varias horas en observación por inhalación de humo, ya que además dos de los niños son asmáticos. Pasaron la noche del domingo en un hotel de Lugo facilitado por el alcalde de Baralla, Miguel González Piñeiro, y ahora se tendrán que quedar en la capital. «No tenemos allegados en Baralla y encontrar una vivienda allí es más difícil que en Lugo, así que tendremos que buscar aquí», dice Kelly. Por el momento, el alcalde consiguió que se pudieran quedar un par de noches en el albergue Lug 2 y les llevó algo de ropa. Ahora mirarán los trámites para trasladar a los niños a un centro de Lugo y que no pierdan el curso escolar, que acababan de empezar en Baralla. Ayer por la mañana volvieron a la casa para ver si los animales estaban bien o si se había salvado algo. «Los animales sobrevivieron pero no nos quedó nada, ver la casa así es muy triste», lamenta Kelly.

«Perdimos todo, necesitamos material escolar para los niños y algo de ropa»

Luis, Kelly, Isabel y sus tres niños se ven ahora con las manos totalmente vacías. «Perdimos la ropa, el material de los niños, nuestros teléfonos móviles, nuestra documentación y el dinero en efectivo que guardábamos en la casa», declara Kelly. El incendio calcinó absolutamente todo lo que tenían. Lo que más les urge ahora es volver a hacer la documentación de Luis para poder pedir ayuda a la asistenta social. «Pero la asistenta necesita su DNI, que vale hacerlo diez euros, y ni eso tenemos».

Todos están agradecidos sobre todo al alcalde de Baralla por su atención y colaboración absoluta. En los días que se queden en el albergue Lug 2, los tres están abiertos a recibir toda la ayuda que se les pueda dar. «Cualquier cosa será bienvenida, la necesitamos». Les preocupa sobre todo el material de los pequeños, que no tienen con qué empezar el colegio. Isabel se había mudado de Fene a Baralla con los tres niños porque necesitaba ayuda tras el accidente y además porque los servicios del colegio en el concello lucense eran mucho más baratos. «Llegaron recientemente con toda su mudanza de Fene y nos acabábamos de gastar unos 600 euros en lo que necesitaban los niños. Todo eso se quemó», explica. Kelly cuenta que Luis había escrito un libro cuando comenzó la pandemia llamado «Entre todos» cuyos beneficios los habían donado a Cáritas para ayudar a quien hiciera falta. «Ahora somos nosotros los que pedimos ayuda, quien nos lo iba a decir».

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