Preocupación entre vecinos y pescadores por el vertido químico en el Río Neira

Afirman que es el caudal por excelencia para los aficionados a las truchas y esperan que se ataje rápido esta situación


lugo / la voz

Vecinos de la montaña lucense aficionados a la pesca mostraban ayer su preocupación por el vertido en el Río Neira. Este daño medioambiental fue ocasionado por la carga desprendida de uno de los dos camiones que en la madrugada del miércoles colisionaban por alcance en la A-6 a la altura de Baralla. El motivo de este accidente fue un perro que entorno a las cinco de la madrugada invadió la autovía. Uno de los camiones, cargado de electrodomésticos, atropelló al animal y el vehículo que venía detrás, otro tráiler cargado de diverso material, impactó contra el primero. Tras esta colisión parte de las cargas cayeron por la mediana de la autovía y fueron a parar al Río Teixeira, un afluente del Río Neira y un auténtico paraíso para los pescadores debido a la gran cantidad de truchas que aquí se crían.

Ayer la zona del Río Teixeira perdía toda su belleza y encanto. Un fuerte olor a pintura, a insecticida, a detergente... rompía con su olor tradicional y permanecer mucho tiempo en la zona provocaba mareos. Y es que no era para menos porque una de las cargas portaba catorce sustancias contaminantes diferentes, desde líquido corrosivo ácido inorgánico, pasando por etanol en solución e incluso acetona.

Preocupado se mostraba también Julián, un vecino de Baralla y propietario del prado donde se acumulan parte de los vertidos. Aunque agentes de Medio Ambiente instaron pilares mantas para absorber los gasóleos y demás vertidos contaminantes, no podrá, por una buena temporada, llevar su ganado a pastar a la zona. Julián también es el propietario de un molino que se encuentra en la zona. Mostraba sus alrededores y podía observar como el agua del caudal que aquí se acumulaba presentaba un tono blanquecino con manchas rojas, fruto de las pinturas y demás productos corrosivos. A este vecino le ordenaron que no abriese la compuerta del molino para que no pasase el agua del caudal. Julián contaba también que varios agentes habían retirado truchas muertas del Río Teixeira, algo que después confirmaban desde Medio Ambiente.

«Este río tiña moitas troitas. Collíamolas ata coa man», manifestaba una vecina.

Colaborando en las labores de limpieza se encontraba Delio, un vecino de la zona que a la vez es gerente de una piscifactoría que se encuentra próxima al lugar de la acumulación de la carga. Estaba preocupado por la situación aunque aseguraba que a las truchas de la piscifactoría no le había afectado el vertido.

Representantes de la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil y agentes de Medio Ambiente se encontraban en el río colocando barreras anticontaminantes para absorber el gasoil y otros trabajadores portaban en un contenedor, con una pala, los productos.

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