«¿Veterinario? E logo, ¿é vostede home ou muller

Las pioneras de la profesión, que se colegiaron entre 1975 y 1985, cuentan sus anécdotas


LUGO / LA VOZ

«Non sei se dará» le espetó un paisano de la montaña a una de las primeras veterinarias con las que se topó en los años setenta, que había acudido a su granja al parto difícil de una vaca. «¿Terá forza para sacalo?» le preguntaron. En aquella época se presuponía que un hombre, solamente por serlo, tenía una cualidades de las que ellas carecían y tuvieron que demostrarlo día a día y en unas condiciones que no son las actuales. Cesáreas con la luz de un cámping gas, prolapsos de matriz, recorridos por carreteras infernales, sin navegador, para llegar hasta una casa sin unas mínimas condiciones, acompañadas a veces de sus hijos porque no tenían con quien dejarlos, marcaron el día a día de Oliva Cadahía, Ana Goicoa, Teresa Fernández, Pilar González Gigosos y Cristina Buendía y otras siete veterinarias. Pasarán a la historia del Colegio Oficial de Veterinarios como las primeras mujeres que se dieron de alta en esta organización, que nació en el año 1923. Ellas, las pioneras, ingresaron entre 1975 y 1985, es decir, medio siglo después, y el día 1 del mes próximo recibirán un homenaje, a las siete de la tarde, en un acto en el que pretenden dar visibilidad a estas profesionales. Las múltiples anécdotas que vivieron en estos años, parte de ellas vinculadas a su condición de mujeres, sobre todo las que practicaron clínica con animales grandes, serán recopiladas en un libro.

Excluidas como jueces

Teresa Fernández, que ejerció en Navia entre 1983 y 1987, se sintió discriminada en numerosas ocasiones por su condición de mujer. Una de ellas cuando pretendió acceder junto con otras dos compañeras al curso de jueces de ganado frisón. Las excluyeron directamente por esta razón, según relató ayer. También le vetaron el acceso a algunas industrias, en las que preferían contratar a varones.

Ellas en las aulas eran minoría, 80 chicos y cinco chicas, recordaba ayer Oliva Cadahía, que estudió en la Complutense, en Madrid. Hoy la balanza se inclina hacia el lado contrario: 70% de presencia de mujeres en las aulas, frente a un 30%.

Cadahía, que dedicó prácticamente toda su vida laboral al Laboratorio de Salud Pública, recordaba que cuando tenían que hacer las prácticas clínicas con animales grandes le colocaban una escalera de tres peldaños. Ellos les cedían voluntariamente los primeros puestos en las prácticas para ver cómo se desenvolvían.

Prácticas de clínica en banqueta

Oliva Cadahía decidió en ese momento en la facultad que la clínica no era lo suyo, pero, pese a ello ejerció durante una temporada en Palas. Contó ayer que en el año 1975 cuando acudía a una vacunación de perros, un paisano mayor le preguntó quién era ella. Al responderle que el veterinario, el señor no se cortó un pelo y le espetó: «E logo, ¿é vostede home ou muller?»

Las pioneras vivieron profesionalmente grandes crisis sanitarias. La primera de ellas, la del aceite de colza, en la primavera de 1981, en el que se intoxicaron 20.000 personas en España y que dejó 1.100 muertos. A Teresa Fernández le tocó, en su primera sustitución, en As Nogais, inmovilizar 120 litros de este aceite para enviarlo al laboratorio de Majadahonda a analizar. Estaban en una panadería.

Las cinco veterinarias reconocen que encontraron grandes aliadas entre las mujeres rurales. «Teníamos que llevar con nosotros a los niños a los avisos-señaló Ana López Pombo, presidenta del Colegio de Veterinarios- cuando eran bebés tenías que parar para alimentarlos y después, cuando estabas en pleno trabajo, los veías en los brazos de alguna mujer, dándoles mimos».

Teresa Fernández también reconoce la colaboración que les brindaron las médicas rurales, que ya estaban asentadas. En su etapa en A Montaña había varias, que les ayudaron a abrirse camino y a romper barreras.

Vivieron crisis sanitarias como la de la colza con inmovilizaciones de aceite en As Nogais

El Colegio Oficial de Veterinarios de Lugo creará una comisión de igualdad de género, según anunció ayer su presidenta, Ana López Pombo, quien compareció acompañada de varias de las integrantes de ese grupo y de cinco de las doce mujeres que serán homenajeadas el día uno. Esta comisión es la primera que se pone en marcha en este ámbito en España. Se encargará, según explicaron, de desarrollar varios proyectos, a los que invitarán al resto de los compañeros. Entre ellos figura uno de adiestrar perros para la defensa de mujeres maltratadas. De momento es solo una idea que pretenden desarrollar en los próximos meses.

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