«Espertei, vin os dedos e pensei, polo menos téñoos. Non contaba con eles»

En el 2010, durante un temporal, le cayeron dos pinos encima y tuvo que esperar horas por una ambulancia


lugo / la voz

Jesús Lago de la Fuente ha sufrido dos accidentes importantes en sus 52 años de vida. El primero el 14 de febrero del año 2012, en pleno temporal, le cayó un pino encima del coche en el que se dirigía a su domicilio de Sebrás, en As Nogais. Se rompió la clavícula, además de varias costillas. Cuando salía del vehículo le cayó otro encima. Además tuvo que esperar varias horas a que la ambulancia salvara los obstáculos que encontraba a su paso por la carretera para poder trasladarlo al hospital. Siete años más tarde, el día de Viernes Santo, la máquina con la que cortaba madera en su casa le segó cuatro dedos. Se los reimplantaron en Povisa, en Vigo. La operación fue un éxito y desde el sábado al mediodía se recupera en la casa de un familiar en Pedrafita.

Permaneció entre siete y ocho horas en quirófano, el tiempo que tardó el cirujano reconstructivo en volver a unirle uno a uno nervios, tendones, músculos, vasos sanguíneos y demás conexiones. Cuando despertó y se le pasaron los efectos de la anestesia lo primero que hizo fue mirar su mano derecha. «Vin os dedos e pensei, polo menos téñoos. Non contaban con eles». Unas horas antes en la misma ambulancia que lo trasladó de Lugo a Vigo los cuatro dedos de Jesús iban en una bolsa con hielo.

Una férula a medida

Lago de la Fuente, albañil de profesión, está ahora a la espera de que le retiren la férula que le colocaron antes de darle el alta y que tardaron en prepararle cinco horas, casi el mismo tiempo que duró la operación. No sabe cómo quedará pero está satisfecho porque los cuatro dedos seccionados han recuperado la temperatura corporal, lo que es una buena señal. Uno de ellos lo mueve bastante bien, casi desde el día en el que pasó por el quirófano. Los otros los tienen que mover él con la izquierda. El ejercicio forma parte de la recuperación que le recomendaron. La ilusión de Jesús Lago es volver a trabajar en su profesión. «Veremos se podo, senón dedicareime a xogar o tenis», comentó con cierta dosis de humor.

Lago, que recibía una media de entre cincuenta y sesenta llamadas telefónicas cuando estaba ingresado en Vigo, no tiene problema alguno en relatar lo que le ocurrió aquella noche de Viernes Santo. Ese día no trabajó. Sobre las nueve y media de la noche se puso a cortar en su taller unas tablas con la máquina que necesitaba para el día siguiente.

Después del accidente avisó a su hermano, al que informó por el telefonillo del portero automático que se había cortado. Llegó con una camisa que retiró del tendedero y le practicó un torniquete para cortar la hemorragia. «Sangraba que parecía unha mangueira», recuerda Se lo hizo doble. Los sanitarios que lo trasladaron en la ambulancia, cuando se lo retiraron, según recordó 22 días después, le dijeron que parecía obra de un profesional.

Buscando los dedos

Jesús Lago confiesa que no se dio cuenta de que se había seccionado los cuatro dedos hasta que fue al cuarto de baño, mientras esperaba la ambulancia. «Estaba lavando algo a cara cando vin que me faltaban os dedos. Saín e díxenlle a meu irmán «busca xeo que eu teño que atopar os dedos. Daquela non me doía absolutamente nada».

Jesús Lago muestra con orgullo sus cuatro dedos reimplantados. «Este que está máis negro -explicó- dixo o cirurxián que foi porque estivo en contacto directo co xeo e iso non é bo. Non o sabiamos, pero todo o mundo debía telo en conta por se lle pasa algo parecido».

El médico que lo atendió en el servicio de Urgencias del HULA decidió evacuarlo a otro centro. Inicialmente valoró A Coruña, pero se decidió por Vigo. «Volvo a ter os catro dedos -dijo- por esa decisión». Recuerda que tuvo suerte porque cuando llegó a Vigo estaba de guardia Enrique Moledo, el experto en cirugía reconstructiva que lo operó. «Cando me viu díxome: tocouche isto de penitencia».

Viernes Santo complicado

Lago se enteró posteriormente que el mismo día de Viernes Santo, pero del año anterior, Moledo, para el que no tiene más que palabras de agradecimiento, le había reimplantado el brazo a un operario de las obras del AVE. «A súa presenza -dijo- dá moita seguridade. É afable, sempre fala con moito cariño, está de bo humor... Se profesionalmente é moi bo, humanamente non se queda atrás». El propio Moledo fue el que le hizo el 90% de las curas durante los 22 días que estuvo ingresado en Vigo y le dio algunos consejos sobre cómo evitar infecciones.

Desde el hospital Jesús Lago gestionó su pequeña empresa para no dejar desatendidos a sus clientes, a los que buscó una solución durante su baja. Es un hombre cumplidor, según sus vecinos, tanto de As Nogais, como de Pedrafita, donde fue a la escuela. En esos años residió en la misma casa en la que se recupera.

«O cirurxián díxome que se me quedou o dedo negro porque estivo en contacto co xeo»

«Díxenlle a meu irmán, ti vai buscar o xeo que eu teño que atopar os dedos»

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«Espertei, vin os dedos e pensei, polo menos téñoos. Non contaba con eles»