«Te ven como una mujer. Tienes que demostrar que eres una científica»

Marisol Soengas, a quien dedicarán una calle en Antas de Ulla, pide apoyo para los jóvenes investigadores

Marisol Soengas, directora del grupo de melanomas del CNIO
Marisol Soengas, directora del grupo de melanomas del CNIO
M.C.
LUGO

Si hablamos de prestigio científico, hablamos de ella. Si hablamos de una trayectoria global con investigaciones en el terreno de las células tumorales y sus comportamientos, hablamos de ella. Si hablamos de uno de los rostros internacionales más premiados por sus avances en la lucha contra los melanomas, hablamos de ella. Pero, ¿quién es ella? Marisol Soengas, una gallega que después de recorrer medio mundo impulsada por sus ambiciones y su vocación, lidera el grupo de melanomas del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en España y forma parte de la junta directiva de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (ASEICA).

—Los vecinos de Antas de Ulla le han propuesto al Concello que una de sus calles lleve tu nombre, ¿cómo te quedas?

—Ha sido una sorpresa. Nunca me lo hubiera imaginado. Creo que aún lo tienen que someter a pleno pero está teniendo mucho impacto y estoy muy ilusionada.

—¿Cuál es tu vínculo con la villa?

—Yo nací en Agolada, pero íbamos con frecuencia a nuestra casa de Fonfría, en Antas de Ulla, de donde es mi familia paterna. Tengo allí parte de mis raíces.

—¿Y tu relación con Galicia?

—Me siento muy gallega, tengo siempre muy presente mi tierra. Ahora estoy en Madrid, pero vuelvo siempre que puedo.

—Por tu trabajo has pasado etapas en A Coruña, Madrid o Estados Unidos. ¿Con cuál te quedas?

—Todas me han marcado. Irme de Coruña a Madrid ya fue un salto importante en mi carrera, un cambio tanto de ambientes como de ambiciones. Me marché allí después de cursar Biología, para especializarme en el laboratorio de Margarita Salas, una de mis referentes. De ahí me fui a Nueva York. Allí aprendí a hacerme preguntas y a presentar bien mi trabajo. Luego estuve en Míchigan, que también dejó huella.

—¿Siempre tuviste claro a qué te querías dedicar?

—Siempre supe que quería ser científica. De pequeña veía películas de Marie Curie, tenía juegos de química y me fascinaba ese mundillo. Luego en la vida real ves que es diferente.

—Y lo de enfocar tu carrera en el estudio del cáncer de piel, ¿cuándo llegó?

—Fue precisamente en Míchigan. Allí decidí que quería dedicarme a la investigación del cáncer de piel, que es el tipo de cáncer más frecuente, y más concretamente al estudio de los melanomas, que son los tumores más agresivos y los que tienen una mayor capacidad de metástasis. Fue después de trabajar en un departamento clínico con los pacientes. Ahí pude ver lo importantes que son ellos y lo importante que es nuestro papel para ellos. Fue por el año 2000. Era todo un gran reto y decidí entonces que quería formar parte de él.

—Desde el cambio de siglo hasta nuestros días han pasado casi 20 años. ¿Qué avances se han logrado?

—Hay muchos tipos de cáncer de piel. Los melanomas son los más peligrosos por ser muy proclives a la metástasis y por su fuerte resistencia ante cualquier mecanismo de defensa que genere el organismo. Es impresionante ver con que facilidad avanzan y como destruyen todas las barreras. Los pacientes se están comenzando a beneficiar a nivel mundial y hay mucho entusiasmo. La cuestión no se ha resuelto aún, pero se sabe que hay avances que pueden ser efectivos. El 60% de los enfermos con metástasis está respondiendo de forma positiva a los tratamientos fruto de estas investigaciones.

—Entonces seguís peleando con ello...

—Justo ahora estamos trabajando en un estudio que pronto sacaremos y del que no puedo hablar todavía, pero pretende analizar ese dilema: hacer frente a las células tumorales más agresivas. Va a ser un estudio importante.

—¿Cómo está posicionada España en lo que a investigación científica se refiere?

—En España hacemos milagros. Hay centros muy potentes, el CNIO está entre los diez mejores del mundo. Si consideramos la financiación que tenemos, que es ridícula, y la comparamos con lo que invierten otros países... Hacemos maravillas.

—¿Y Galicia?

—Mucho peor. Galicia tiene muy buenos equipos de nanotecnología o genética, grupos muy potentes, pero las condiciones no son buenas y falta mucho apoyo. Va con mucho retraso respecto a los proyectos de otras comunidades.

—¿Cuál es entonces la clave de vuestro éxito?

—El capital humano de nuestros centros es fundamental para que luego sean punteros a nivel internacional. Cuando trabajas en un ámbito tan competitivo como el nuestro y lo haces con poco dinero, estás obligado a ser mucho más eficaz, a ir siempre más allá.

—Además de formar parte del CNIO, dedicas parte de tu tiempo a la formación de nuevos investigadores. ¿Hay escuela?

—A los becarios españoles se los rifan en todo el mundo. Preparamos a gente muy buena que luego se tiene que marchar a otros países, que son a la vez nuestra competencia. Ese es nuestro problema. Si tuviésemos financiación y la gente joven tuviese apoyos, otro gallo cantaría. Así es muy difícil, parten hipotecados.

—¿Y futuro?

—El futuro inmediato está difícil. Se forman muy bien y no suelen encontrar problemas para irse a otro país, el problema está cuando quieren volver.

—Si reemplazamos la palabra «jóvenes» por «mujeres», ¿cuál es la situación?

—La misma que hace quince años. De cada diez puestos de responsabilidad en el campo del cáncer, solo dos están ocupados por mujeres. Te ven como una mujer y tú tienes que demostrar que eres una científica. Yo nunca di opción a que me discriminasen por una cuestión de género, pero es algo que sucede. Desde ASEICA hemos puesto en marcha una campaña llamada «Pásate a la acción», con el objetivo de visibilizar a las mujeres científicas y llevar todas nuestras quejas al terreno práctico.

—Como científica, ¿una reflexión acerca del paso de la pandemia?

—Quedó en evidencia lo importante que es invertir en investigación, y la pandemia es solo un ejemplo de ello. Los países que llevan años poniendo dinero son los que ahora compiten por sacar adelante las vacunas. La financiación es fundamental.

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